viernes, 27 de abril de 2007

NOMBRES FEMENINOS EN LA VIDA DE GARDEL

A su muerte Carlos Gardel trocó las preseas de su fama por el laurel de la gloria.
Desde el sitial, casi único, que alcanzó en la constelación de los ídolos hispanohablantes del canto, proyectó su nombre a la galería de los grandes artistas del siglo XX, penetrando con inigualada frescura al actual.

Su voz no se apaga. Vive. Continúa cantando en la dimensión de la cultura rioplatense, de la que es hijo predilecto. Transita con inacabable fuerza por los países latinoamericanos que capturaron su mensaje y lo ungieron con la estatura de uno de los inmarcesibles.
Los destellos de su personalidad afable, segura, triunfadora y humanísima lo situaron como al margen de cualquier vicisitud personal, que él -con grandeza singular- reservó a los planos más íntimos.

Cuando el Zorzal Criollo le hace un guiño a la muerte en los campos de Medellín, sería sólo para seguir creciendo en la memoria popular. Esto es, en todos nosotros.
En primer lugar, para darnos el halago de su arte. En segundo término, para dejar florecer, al pie de su pedestal, renovados mitos y leyendas.
Los unos, sucediéndose como fruto de la imaginación de la gente sencilla, que espanta el acre dolor de la muerte. Las otras, gestadas -casi siempre- bajo cálculos de réditos de publicaciones sensacionalistas.

Así, se ha continuado hablando que Gardel logró sobrevivir al accidente de aviación; que surgiendo diferencias entre los ocupantes de la aeronave, fue un disparo de revólver la causa del luctuoso episodio, y no los súbitos vientos arrachados de la zona los que cruzaron la pista en el acto del despegue.

Entre las leyendas de fondo denigratorio está la que Gardel, tras su masculinidad, mantenía una cara oculta. Para esta versión, deformadora de la verdad única, el Mago no habría cultivado relaciones femeninas…




Estudios de la correspondencia de Carlos Gardel con amigos directos dan un mentís rotundo a la especie, así como testimonios de empresarios, colaboradores artísticos y manifestaciones de mujeres que convivieron con él.






Con Isabel del Valle mantuvo una relación continuada, cohabitando en Rincón 137, Buenos Aires.

En su Tacuarembó natal forjó lazos con Laura Medeiros y con una prima suya, de la familia Escayola.

Al inicio de la actividad del dúo con Razzano, se ligó en Buenos Aires a Margarita Pretera, afincada en la calle Granada.
En 1917 se unió a Elena Fernández, quien actuaba en el Royal, de Montevideo. Dentro de los amores que mantenía en esta ciudad están los que cultivara con mujeres de la calle Yerbal, donde gozaba de fama.
En el capítulo montevideano se rescatan los nombres de una tal Teresita, afincada en el Barrio Sur, y el de Magali Herrera.
En Barranquilla, Colombia, antes de su fallecimiento, tuvo un incidente en una casa de citas con Carmen Pájaro, apodada la “Yegua Blanca”.
Mona Maris, compañera de filmaciones, manifestó de modo concluyente: “Tenía (Gardel) una atracción animal irresistible”.



En la lista de los amores gardelianos están la vedette española Perla Grecco, Ivonne Guitry, Andrea Morand y Gaby Morlay.


Imperio Argentina lo habría recusado, entre otras razones, porque con ella el cantor mantenía disputas relacionadas con la popularidad profesional.
Dos cubanas -que habían formado parte de sus vínculos neoyorkinos- se suicidaron al conocer la noticia de la muerte del intérprete rioplatense. Otras, como Suncha Gallardo, de Puerto Rico, y Estrella del Rigel, bebieron veneno.

En París y Niza, levantó tormentas con la renombrada -y acaudalada- Mademoisselle Wakefield.
Para el empresario colombiano Nicolás Díaz, el famoso cantante uruguayo-argentino era un “mujeriego incorregible”.

La leyenda negra anti-gardeliana se hace trizas ante el acúmulo superabundante de datos examinados.
La incontrastable claridad del perfil genético masculino surge de la integración de tales elementos, los que resultan funcionales a la forma de ser y de obrar de Carlos Gardel; a su estampa, a su voz y a los soportes literarios y ambientales en que ella se desenvuelve, desarrolla y triunfa.

En Gardel reside uno de los prototipos del hombre rioplatense, el que por representarnos, aviva la continuidad de su luz, no alcanzada por el olvido.
De ahí la propiedad de reeditarse, venciendo al tiempo.


waltercelina@hotmail.com