jueves, 24 de abril de 2008

GARDEL, EL MÚSICO

Escribe Walter Ernesto Celina

INTRODUCCIÓN

Bajo este mismo título, Roberto Lagarmilla, periodista musical especializado del Diario “El Día”, de Montevideo, vertía el 24/VI/1975, estas interesantes referencias y juicios sobre Carlos Gardel:


UNA CARGA EXPRESIVA Y UN TIMBRE INSUPERABLES

“Los compositores uruguayos tendremos que reprocharnos, siempre, no haber sabido acercarnos a Gardel”, decía Alfonso Brocqua, en 1937, durante sus atractivas veladas celebrabas en su residencia de París.
Y añadía: “Nos hemos perdido para nuestra causa, a quien hubiera sido, sin ninguna duda, el más perfecto de los intérpretes de nuestra música vocal”. Estas palabras pertenecen, no sólo a uno de los preclaros pioneros de la música nacional uruguaya, sino a un brillante alumno de la “Schola Cantorum” de París.

Estas afirmaciones me han hecho meditar largamente sobre un fenómeno curioso: la escisión o el apartamiento voluntario que en estos países latinoamericanos se registra entre los cultores de la música “de distinto género”. Sin parar mientes en que un verdadero intérprete -y ¡en qué grado lo fue Carlos Gardel!- es capaz de hollar con igual eficiencia los caminos más diversos.

Brocqua tenía toda la razón. Pensemos, un instante, a qué altura de expresión hubiese llegado el “lied” de Fabini, interpretado por el cantor inmortal. Obras tales como “El poncho”, “Luz mala”, “Remedio” todavía están esperando a aquel intérprete integral, capaz de poner en evidencia toda esa carga emocional, ya dulce, ya amarga, que contiene, en potencia, la música que Eduardo Fabini escribió para los versos de Fernán Silva Valdés y del “Viejo Pancho”.

Como intérprete excelso, Gardel fue un verdadero recreador cuyo trabajo, que lógicamente sucede, en el tiempo, al del compositor, es en todo condigno en cuanto a percepción del todo y de las partes, del clima y del matiz.
Y no es extraño que en tal linaje de intérpretes, éstos puedan, sin pensarlo, hallar valores o matices que el propio compositor no tuvo en cuenta en el momento de la creación. Un gran intérprete suele ser como aquel que descubre pepitas de oro en el camino de tierra que alguien, antes que él, ha desbrozado, sin advertir su presencia.

Y ¡cuántas de esas pepitas y cuántos matices inesperados supo hallar Gardel, en tantas composiciones, un tanto desaliñadas o toscas, a las que elevó en alas del canto!
No sería exagerado decir que muchas de las canciones que impuso ante el público y que perpetuó en el disco, deben su permanencia al aporte personal de “El Mago”, sí, del taumaturgo capaz de revestir de rica pedrería y de devolver en tules mágicos, formas talladas toscamente en barro...
Eso es, indudablemente, la obra de un verdadero intérprete. Más, para serlo, es imprescindible ser músico.

Si Gardel sorprendió al mundo por su arte vocal, debemos buscar la causa en la confluencia de muchos factores: entre ellos -naturalmente- las dotes innatas. Pero, no debemos perder de vista la férrea voluntad de perfeccionamiento de aquel cantor que -mimado por el pueblo-, siempre se sentía en deuda con él, que “vocalizaba” largas horas sus ejercicios de canto; que acudía a escuchar directamente a los más famosos cantantes de ópera y a recabar la opinión de los más autorizados.

Mientras se han acumulado montañas de papel impreso en torno a su biografía, y se ha tratado de analizar minuciosamente todo lo relativo a su lugar de origen, poco o nada se ha escrito acerca del Gardel-Músico, en su aspecto como creador.
Es cierto que su aporte personal a la evolución del Tango no finca en aquellos aspectos instrumentales, formales o armónicos, que sucesivamente nos dieran otros grandes maestros.
Como cantante, era lógico que su impulso innovador procediese de la melodía vocal. Y en ese sentido, su figura es muy importante.
Sus piezas parecen trascender la dimensión convencional, para alcanzar los planos expresivos del mejor “lied” europeo.
Como comprobación de que esa música vale por sí misma, no tenemos más que evocarla, no a través de la versión vocal grabada por su autor; sino por versiones instrumentales más o menos fehacientes.
Y entonces, podremos sentir, en esos giros melódicos tan típicamente gardelianos, la huella inequívoca de un músico. Casi podría afirmarse que “Volver”, “El día que me quieras” o “Sus ojos se cerraron”, podrían sobrevivir por sí mismas, aun independizadas de “La Voz”, como Pedro Leandro Ipuche llama a la de Carlos Gardel.

Gardel no es -ni podrá serlo nunca- un mito; es decir, el objeto de una veneración transmitida oralmente de padres a hijos, sin una base segura de referencia.
Por imperfecta que haya sido la técnica fonográfica que fue puesta al servicio de “El Mago”, el surco del disco y la escala de grises de la faja cinematográfica han logrado apresar, si no con la totalidad del matiz, al menos la carga expresiva y el timbre, de aquel artista sin par.
El documento está a disposición de los pueblos. Centenares de millares de discos y de copias cinematográficas han llevado ese testimonio, a un enfrentamiento con todo lo que tantos “modernos” (casi siempre, sólo historiadores de micrófono...) imponen a las masas, desde el teatro y la televisión.
No recordamos ni admiramos a Gardel por “lo que nos contaron” o por lo que hemos podido apreciar fugazmente. Lo veneramos, cada vez más, porque, así como el amianto sale más puro cuanto ha sido sometido al fuego, el arte de Carlos Gardel logra sobrepasar todas las influencias más próximas, el efecto de los medios masivos de comunicación, las técnicas de registro más perfectas y los vaivenes inevitables de “la moda”, que rige los gustos del público.

Gardel, el Músico era así. No sin razón, pues, el pueblo coincide en esta afirmación que es un veredicto: “Por cierto, ¡canta cada vez mejor!.” Roberto Lagarmilla.

waltercelina1@hotmail.com

martes, 22 de abril de 2008

LOS GUITARRISTAS DE GARDEL

Escribe Walter Ernesto Celina

INTRODUCCIÓN

En la sección del diario “El Día”, de Montevideo, titulada Ochava mayor del tango, el 11 de marzo de 1979, el periodista Juan Carlos Vivas, bajo el título que viene de leerse, publicó una nota dedicada a músicos y compositores que participaran en la hazaña creativa gardeliana. Los siguientes son extractos significativos de dicho aporte. Contribuyen a exhibir aspectos del entorno del que Carlos Gardel se valió para proyectar su rutilante carrera artística.

INICIACIÓN E ITINERARIO

Juan Carlos Vivas ubica la aparición pública de El Mago hacia 1904, en que se presenta acompañado por su “viola”. Anota que sus primeras grabaciones serían de 1913. Recuerda sus éxitos con José Razzano, dúo al que se integraría Francisco Martino, autor de los éxitos Maragata (tango) y Soy una fiera (milonga). El trío evolucionaría por un breve período a la modalidad del cuarteto, con la incorporación del cuyano Saúl Salinas.
En 1913 el dúo Gardel-Razzano se acompaña con el guitarrista Emilio Bo, por escaso tiempo. En 1915 se incorpora el Negro José Ricardo, que se mantendría junto al dúo hasta 1929. Gardel, señala Vivas, siempre dispuesto a mejorar sus espectáculos, contrata en 1921 a Guillermo Barbieri. En 1928 ingresará José María Aguilar. Tras el alejamiento de Ricardo será incorporado Domingo Riverol, un guitarrista brillante. En 1931 Julio Vivas sustituirá a Aguilar, mientras que, en 1933, Pettorosi conformará el cuarteto de acompañantes con que La Voz actuará en Montevideo.

Gardel y sus guitarristas - New York - marzo 1935

SEMBLANZAS DE LOS GUITARRISTAS

Del siguiente modo Juan Carlos Vivas reseñó la trayectoria de los guitarristas con los que Gardel catapultó la forma musical del tango a la fama universal:
-José Ricardo, guitarrista de color, comenzó su carrera actuando en agrupaciones criollas. Tomó parte en el conjunto que participó repetidas veces en representaciones de Juan Moreira, que ofrecía la compañía de Muiño-Alipi, para pasar de allí a formar el trío con Gardel y Razzano, en 1915. El Negro se mantuvo junto a Gardel hasta mayo de 1929 y actuó con él en París. Posteriormente, en su segundo viaje a Europa, junto a su hermano -artísticamente conocido por Bronce- y Julio Reyes, se presentó en El Cairo, Londres y Roma. Falleció bordo del vapor Marsilia, cuando regresaba a su Buenos Aires, el 2 de mayo de 1937.

-Guillermo Barbieri fue el colaborador de más larga actuación junto a Gardel. Nació en Buenos Aires, en 1894 y, luego de actuar en dúo con Cardelli, durante varias temporadas en el Teatro Esmeralda (hoy Maipo), se unió al dúo Gardel-Razzano en 1921. Falleció el 24 de junio de 1935 en el trágico accidente de Medellín, habiendo sido autor de los siguientes títulos: Anclao en París, Viejo smocking, Incurable, Mar bravío, Quién tuviera 18 años, El que atrasó el reloj, Pordioseros, Idilio campero, Cruz de palo, Pobre amigo, La novia ausente, Preparate p’al domingo, Resignate hermano, Besos que matan, Barrio viejo, Cariñito, Viejo curda y Olvidao.
Lo que antecede, dice a las claras, de sus excepcionales condiciones de compositor, a las que unía las de ser un magnífico guitarrista.

-José María Aguilar nació en Montevideo el 7 de mayo de 1891. En dúo con su hermano Froilán, realizaron gran cantidad de espectáculos con la presencia de enorme número de asistentes. Luego comenzaron a acompañar a figuras tales como Rosita Quiroga, Ignacio Corsini y otros. Posteriormente, ambos hermanos recibieron el ofrecimiento de actuar en cuarteto con el “Negro” Ricardo y Guillermo Barbieri., acompañando a Gardel. Mientras Froilán no aceptó, sí lo hizo José María. Estuvo junto a El Mago hasta diciembre de 1930, para separarse del núcleo de tantos éxitos. Pero, en 1935, volvió a reunirse con Gardel en Nueva York, para cumplir la gira que terminaría en Colombia. Sobreviviente del accidente, falleció en Buenos Aires el 21 de diciembre de 1951.
Como compositor, cabe señalar, como sus obras de mayor éxito: Al mundo le falta un tornillo, Tengo miedo, Lloró como una mujer y la letra de Milonguera.

-Domingo Riverol actuó casi 5 años consecutivos junto a Gardel, a partir de 1930. Con Barbieri y Aguilar debutó grabando al lado de El Mago con el tango Juventud, el 20 de marzo de 1930. Como compositor dejó para la mejor historia de la música popular: Falsas promesas y Trovas. Falleció 2 días después del accidente de Medellín, a consecuencia de las heridas recibidas.

-Julio Vivas comenzó su actuación como músico conduciendo su propia orquesta en un café de la calle Corrientes, como ejecutante de bandoneón. Posteriormente, tuvo sus pasajes por orquestas de renombre como las de Antonio Scatasso y Julio De Caro. Vinculado a Guillermo Barbieri, hizo con este un dúo de campanillas (bandoneón y guitarra), logrando señalados éxitos en centros populares porteños. En septiembre de 1931 debutó como guitarrista de Gardel, al grabar éste el tango Anclao en París, para seguir en el grupo de acompañantes del cantor hasta noviembre de 1933.
Fue autor de varios tangos, entre ellos El olivo y Salto mortal, que grabara Gardel, y Mi rodar, Alma, Flor extraña, etc.
Falleció en Buenos Aires el 15 de junio de 1952.

-Horacio Pettorossi, oriundo de Buenos Aires, debutó como acompañante de Francis Martino, para luego actuar en empresas teatrales como las de Alipi-Muiño y José Podestá. Emigra y llega con su música a Europa y Asia, interpretando en París, con su propia orquesta, el tango Plegaria.
En 1933 se integró al grupo de acompañantes de Gardel, formando un cuarteto que hizo época, con Barbieri, Riverol y Vivas. Debutó con el tango Sueño querido, en enero de 1933. Culminó su trabajo en el conjunto en noviembre del mismo año, luego de grabar Madame Ivonne, último registro de Gardel en Buenos Aires.
Como autor, son de su pluma: Lo han visto con otra, Galleguita, Silencio, Esclavas blancas, Angustias, Fea, Acquaforte, cantadas por Gardel y otras, grabadas por su propia orquesta.
Finaliza Juan Carlos Vivas su nota con éstas interrogantes: ¿Podía el máximo cantor tener a su lado mejores músicos y excepcionales compositores? ¿Podemos acaso no pensar en ellos cuando comienzan las primeras notas de las interpretaciones de El Mago?
Y responde: Los títulos citados y lo que a diario llega a nuestros oídos son testigos, más qué elocuentes, de lo que significaron en la música popular rioplatense.

waltercelina1@hotmail.com

domingo, 13 de abril de 2008

GARDEL Y LA VOLUNTAD DE PERFECCIÓN

Escribe Walter Ernesto Celina

INTRODUCCIÓN

Roberto Lagarmilla ejerció su magisterio periodístico como comentarista musical desde el Diario "El Día" de Montevideo.
Atento observador de las manifestaciones de este arte, dedicó a Carlos Gardel algunas consideraciones poco frecuentes en su época.
Ellas tienen que ver con la voluntad perfeccionista con la que empeñara sus esfuerzos “El Mago”.
Bajo el título: “Carlos Gardel, el cantor inmortal”, Lagarmilla sostenía estos conceptos, el 23 de junio de 1974:

¡CANTA CADA VEZ MEJOR!
“Treinta y nueve años después de su desaparición física, Carlos Gardel continúa viviendo en el corazón del pueblo. En verdad, este hecho irrefutable debe reconocer bases muy sólidas: ya que “El Mago” alcanzó a dejar grabada su imagen y su voz en la cinta de celuloide y en los surcos del disco.
Y ese documento lo preserva de que su nombre y el recuerdo de su arte se transfiguren en una mera leyenda. No: con Gardel sucede todo lo contrario. A medida que surgen y pasan nuevos valores en la interpretación vocal, vamos descubriendo, cada vez con mayor claridad, las razones de su supremacía; y lo hacemos apoyados en la reiterada audición de sus registros fonográficos y en las fajas sonoras de un cine que, aún todavía imperfecto, alcanza para dar idea clara de una fortísima personalidad artística.

La ocasión es propicia para que nos hagamos plenamente solidarios de algo que un gran maestro uruguayo, el tenor Augusto De Giuli, está predicando desde hace tres décadas. En efecto: siendo conocedor de todos los resortes de la fonética y del arte del canto, De Giuli es y fue admirador de Carlos Gardel. Y, a ese respecto, nuestro tenor nos cuenta cómo “El Mago” se preocupaba incesantemente de perfeccionar su técnica vocal.
No fue un cantante fortuito; sino un artista plenamente conciente de su misión. Y a medida que su prestigio crecía entre las masas, Gardel redoblaba sus esfuerzos por lo que -él decía- “ser digno de la fama”. Y cuenta, De Giuli, con qué ahinco, Gardel concurría a los conciertos líricos, a las óperas y a las zarzuelas, con el fin de estudiar, en vivo, los resortes de la emisión vocal, la impostación y la dicción.

Gardel fue duro consigo mismo; y su historia está jalonada de verdaderos sacrificios en pro de un técnica vocal cada vez más depurada.
Pocos saben, en efecto, que aquélla voz y aquella palabra cantada, que con tanta “naturalidad” fluían de su sus labios, constituían el ansiado término final de un camino áspero por las disciplinas de la vocalización y la emisión. Y si es cierto que Gardel nació músico y que fue un predestinado, no lo es menos que la afinación cabal de sus virtudes fue obra de una educación consciente y completa. Por eso, De Giuli insiste, ante quienes deben velar por la educación de la voz (imprescindible no sólo para el cantante sino para todo aquel que deba hacer uso de la palabra), que esas disciplinas deben ser impartidas por verdaderos maestros.

“El cantor indudablemente nace; pero sólo se hace, por un sostenido estudio” nos repite, incesantemente nuestro amigo tenor, cuya voz se conserva maravillosamente fresca, afinada y clara, después de haber pasado, de lejos, la barrera de los ochenta años.
Conociendo, pues, uno de los resortes técnicos del arte de Carlos Gardel, lejos de ver disminuir su figura, se nos presenta enaltecida. A las dotes naturales, supo unir la voluntad de perfección.
Algo de esto intuye el pueblo, cuando, al cabo de centenares de versiones de obras populares, se enfrenta a la voz de Carlos Gardel. Y por algo, también, ha cifrado su opinión en una frase, por demás elocuente dentro de su sencillez: “¡Canta cada vez mejor!”.

miércoles, 3 de octubre de 2007

CARTA DE “PELODURO” A CARLOS GARDEL

Selección de Walter Ernesto Celina
INTRODUCCIÓN

Julio E. Suárez, “Peloduro”, ha sido un dibujante, ilustrador, caricaturista e historietista de notables cualidades, cuyo nombre permaneció asido al
recuerdo de los hombres de su tiempo que le sobrevivieron, así como a las generaciones de jóvenes que, en el medio siglo pasado, se deleitaron con la gracia e inteligencia con que embebía su pluma.
A las cualidades descritas, añadió las esenciales de periodista y humorista.

Nació en Salto el 16 de septiembre de 1909. Arribó a Montevideo para estudiar arquitectura, carrera que no continuó. Falleció en Montevideo el 15 de agosto de 1965.

Sus apuntes parlamentarios vieron luz en el curso efímero de El Nacional, diario fundado por el Dr. Carlos Quijano. Después, sería secretario de redacción de Mundo Uruguayo. Registró su pasaje por variados medios: El Plata, La Mañana, El Diario, Justicia, El Popular, Época y Marcha. Fundó la revista de humor “Peloduro”, aparecida en 1943. La publicación atravesó vicisitudes que interrumpieron la continuidad de su circulación. Su fase final culminó en julio de 1964.

Libretó audiciones radiales para el elenco de Los Risatómicos. En Charlas con Juan Julio abordó comentarios sobre temas nacionales e internacionales desde los micrófonos de El Espectador. En la misma emisora su personaje Marieta Caramba fue interpretado por la actriz Jébele Sand.
Su actividad se extendió al campo docente, integrándose en 1946 a la Escuela de Artes Comerciales.


La talentosa trayectoria de Julio E. Suárez fue distinguida por la Junta Departamental e Intendencia de Montevideo, la Fundación Lolita Rubial y la Administración Nacional de Correos.
Sus historietas fueron premiadas por la Comisión Municipal de Cultura de Montevideo.
El Museo del Humor y la Historieta lleva su nombre.
En la actual temporada teatral, la Comedia Nacional exhibe la pieza “Peloduro”.


En una muy bien ambientada escena, desde una mesa de café, puede escucharse el monólogo que he seleccionado, conocido como Carta a Gardel.
Las notas numeradas entre paréntesis se incorporan al texto para situar al lector en el contexto de la época en que fue escrita.



“PELODURO” LE ESCRIBE A CARLOS GARDEL

“SR. CARLOS GARDEL.
La Gloria.
P r e s e n t e.


Querido Carlito:

Deseo que al recibo’e la presente, estés bien de salú de alma, que por aquí felizmente todos bien de la respetibia salú de cuerpo, o terrenal, que diríamo. Yo siempre por escribirte, pero que un día y que l’otro, en fin, vo sabé Carlito, el tiempo pasa, y yo no me duermo, ni duerme en la costa del bañao el tero, como dijo el Viejo Pancho, y vo lo cantaste sabés cómo...
La cosa es que aquí me tené, con la garabina a l’espalda (1) o mejor dicho, con la pluma en mano n’este mes de juño qu’es otro aniversario´e la fecha aquella, cuando qu’el Destino (yo no soy bayista (2) y hasta el Destino (3) lo pongo con mayúscula, sin bandería’e ninguna especie, que n’esta vida hay que ser tolerante, como dijo el Chueco Mingo cuando le dio l’anestesia, antes de hundirle la fariñera al Pelao Miranda), en fin, decía qu’era otro aniversario’e la fecha aquella, cuando qu’el Destino te cachó de sorpresa, y te dio el boleto fulero de La Que No Se Emparda, u sea la Muerte Inepsorable, y te juiste, que nosotro bien sabemo que no es tuya la culpa, cuando má te precisábamo para defender el Tango, que no má que con cantarlo, vo ya lo ponías en su sitio, con esa voz de pueblo, que despué dicen, que reza un refrán de latín que “Vox Pópuli, Vox Dei”, en que con todo los respeto debido al Suplemo, que le dicen, ya me lo quisiera ver yo a Dios mandándose un tango como vo lo hacía, dicho sea sin ofender, que no es mi costumbre.

Te garanto que muchas veces me gustaría que te abajaras un ratito, sin que naides no má que yo te viera, pa recorrer una cualquiera d’esas cayecitas que vo cantaste, a esa altura’e la nochecita, cuando los chochamu se rejuntan abajo’el farolito’e lasquina, y las piba hacen l’última salida a la cantina, a buscarle el litrito e’tinto p’al italiano. Sobre todo ahora qu’es otoño, Carlito, qu’es cuando yo no sé por qué, el barrio e más barrio, que si no juera que tá probao que la Ñata te cachó de sorpresa adentro’e aquel maldito avión, te garanto que jugaría que vo elegiste la mejor estación del año, si no pa’morir, que ninguna e’guena, pa que recordaran y te siguieran queriendo.

Vo, que nunca tuviste cien barrio, porque todos eran tuyo, y nunca te dio por hacer escrotiño (4), ibas a ver que poco ha cambiao el color e’las paredes y el color e’la miseria, y como sigue la esquina con el mismo vestidito pobre’e cuando vo le cantabas y los mostradore tienen los mismos filósofo’e aquel entonce, en que “el maldito veneno” tal como lo andan sirviendo ahora, me los ta volviendo esistencialistas, que le dicen.

Pero tamién ibas a ver algunos “papiores”, porque un tiempo’esta parte a la gente le a dao por usar todas las divisa sentimentale, vamo a decir en la importación de unos canto estranjero, que son una buena merenjena (5), te garanto, y si pudiéramo andar con vo, Carlito, por esos barrio que te hablaba, ibas a sentir un dolor n’el pecho pior que una anjina, mala comparación, cuando sintieras a los muchacho’e lasquina cantando con el “tiritutí-tiritutá” de los fostrose samericano, mandándose la morragia yorona de un bolero a lo Elvira Río.
Y el mismo tango, hermano, de tanto juntarse con esos otro canto gringo, anda un poco haciendo el caso, con calderone de media cuadra, y terminando propiamente como una ópera’e dos vintenes.

Pa los que queremo el tango, Carlito, como jue siempre, y como debió de seguir siendo perinsécula, sólo nos quedan tus disco, y el “cantó Gardel...” tan desesperao y angustioso, te garanto, como el “dijo Baye...” (6), que le queda a los guenos bayistas.
Chau, Carlito... Recibí un recuerdo’e la patrona, un beso’e los pibe, y un abrazo con contestación paga’e tu amigo, que te recuerda d´este lao’e la cortina.

PELODURO.”

NOTAS
(1) Garabina por carabina, en alusión a la frase del Gral. Lavalleja : “Carabina a la espalda y sable en mano”.
(2) Bayista. Viene de Batlle, por José Batlle y Ordóñez.
(3) Destino, con mayúscula, aludiendo al diario “El Día” que llevado de su agnosticismo escribía “dios” con minúscula.
(4) Escrotiño por escrutinio. Conteo.
(5) Merenjena por berenjena. Acepción lunfarda.
(6) “Dijo Baye”, por dijo Batlle y Ordóñez, en referencia a los asertos políticos usados en el medio siglo XX por los partidarios de este sector del Partido Colorado.


El 7 de noviembre de 1996, fue emitido un sello postal en su homenaje, también en ocasión de los 100 años del comic.



lunes, 13 de agosto de 2007

CARLOS GARDEL E ISLA DE FLORES

Escribe Walter Ernesto Celina
Zorzal de vuelo eterno, todavía
por ese Barrio Sur que vio tu infancia,
deambula el duende niño de tu canto
preso en la bruma azul de la nostalgia.
Martina Iñiguez
(1)

Cuando en el “río grande como mar”, frente a Montevideo, la bruma se diluye, se yergue la trilogía peñascosa de la Isla de Flores.
El día en que la Ciudad Vieja empezó a permitir que en forma perezosa la ciudad se extendiera, surgió la calle Isla de Flores, casi paralela a la orilla marítima.
La majestuosa Rambla Sur aún no había cortado, como de un tajo, la fisonomía natural de aquel territorio plácido, surcado apenas por carros areneros, cantos de pescadores y pregones de vendedores ambulantes.
Román Machado la ensalzó así:

Isla de Flores, tan angostita,
mi callecita costa del mar
en tus casuchas nacieron todos
los más coperos del arrabal
y cuántas noches a mis oídos
llegaron ruidos del guitarrear
y en las heridas del conventillo
me hicieron taura para tanguear. (2)

A una letra tan humilde, Carlos Gardel le acopló su voz y la inmortalizó al efectuar su grabación, el 22 de julio de 1927.

Allá lejos, la Isla de Flores era el último mojón del Río de la Plata antes que los barcos arribaran al puerto.
Los ojos ávidos de los marinos la buscaban para evitar el Banco Inglés, poblado por los fantasmas de los naufragios.
Sebastián Gaboto la había descubierto y bautizado en la Pascua Florida de 1527.
Se ubica a 21 kms. de Punta Carretas, accidente geográfico cercano a la pequeña vía playera.
En aquel territorio, azotado por los intensos vientos del estuario, se levantaban las edificaciones sanitarias donde los viajeros cumplían las cuarentenas. Un destacamento militar le proveía guardia permanente.
Fotografía tomada del libro "HISTORIAS Y LEYENDAS DE LA ISLA DE FLORES" de Eduardo Langguth y Juan Antonio Varese.

El faro, de 37 mts. de altura, destellaba hacia el mar cada diez segundos.
Montevideo, más allá de sus murallas, percibía la magia de aquellas miradas con guiños lejanos.
Por la calle del barrio pobre, dominado por las edificaciones chatas y algunos conventillos, caminó un niño. El mismo que de hombre le hiciera un himno con su canto.
Así evoca al chiquilín este fragmento de Martina Iñiguez:

Una escuelita cobijó tus sueños
de botija pueblero, desde el alba
de una ciudad que hundía sus raíces
en el cauce del Río de la Plata.

Entre los muros cálidos de un patio,
Zorzalito inocente de alas altas,
con lápiz, tinta, tizas y cuadernos
Durazno casi Médanos te ampara.(1)

Los testimonios se agolpan. Carlos Gardel le expresó al Dr. Salterain de Herrera haber sido alumno de la escuela ubicada en la calle Durazno, próxima a Médanos. A su amigo, Alfredo Frigerio, que vivía en Maldonado y Convención, le pidió: “Esperá, Alfredo, vamos a dar unas vueltas por tu barrio, que me trae tantos recuerdos…” En 1930, saliendo del Café “Tupí Nambá”, acompañado por el Dr. César Gallardo, el deportista Juan Antonio Collazo, su apoderado Pedro Bernat y Carlos Morganti, con quien actuaba en el Teatro “Artigas”, se detuvo para decir: “Por aquí fui a una escuelita… ¿Estará todavía el edificio?" Gallardo recordó que no ubicaron dicho local.
Antes de fallecer, la cantante Lágrima Ríos, vecina de la zona, ratificó la existencia de la escuela de varones a la que concurriera “El Mago”. Estaba en Durazno y Médanos (hoy Javier Barrios Amorín).

En “Durazno y Convención”, la paleta de Jaime Roos supo describir las calles de esta historia con algunos versos, como éstos:

La calle Durazno, nace a la intemperie
telón ceniciento, palmeras al viento,
abierta a las olas, marrones y blancas
de la playa chica, que muere en el Gas.

La calle Durazno, muere sin saberlo.
Cuando se ilumina toda de lila
en pleno diciembre, a la hora más lenta,
la siesta obligada del jacarandá.

La calle Durazno, atraviesa dos barrios,
de chata figura, de amarga dulzura,
son Sur y Palermo, rivales y hermanos,
que cruzan Durazno, camino del mar. (3)

Durazno y Convención, vista desde Convención , Fotografía de Edgardo Balduccio, tomada del blog: http://callesdemontevideo.blogspot.com/

Señalada para el mejor destino musical, Isla de Flores supo convertirse, en un tramo, en calle Carlos Gardel.

En el verano, con las azoteas observando el mar y los balcones abiertos de par en par, sones ancestrales relampaguean por el empedrado angosto, al paso de afro-descendientes y lubolos. El “tangó-tangó” de las lonjas hechiza, hace mover los pies y vibrar los cuerpos. Y Gardel está ahí, asomándose desde la intimidad de los barrios enlazados por los senderos de su emoción.

Casi como elegidos por un destino común, un día Enrico Caruso, y otro “El Zorzal”, y otro Alfredo Zitarrosa, zarparon de la costa uruguaya. Cruzaron a la isla anhelada de los capitanes. Sus rostros surcaron los aires salobres. Sus liras iban en pos de las estrellas.
Desde Isla de Flores, desde Durazno y Médanos o, desde Durazno y Convención, ellos socavan con sus cantos la nostalgia, acaso para suscribir estas estrofas de Roos:

Y un día, un día te veré contento,
el día que te abrace el viento
de Durazno y Convención. (3)

Los pasos de Gardel se sienten hoy por los barrios Sur y Palermo. Están en la multitud, en el vocinglerío de la antigua escuela y en la calle Isla de Flores, crecida entre sones de guitarras, lances y piropos veinteañeros.



TEXTOS CITADOS
(1)
LA ESCUELITA DE CARLOS GARDEL

Zorzal de vuelo eterno, todavía
por ese Barrio Sur que vio tu infancia,
deambula el duende niño de tu canto
preso en la bruma azul de la nostalgia.

Una foto tiznada por la herrumbre
del tiempo, conservó limpia tu cara,
espejo con que hiere nuestros ojos
la orfandad que llevabas en el alma.

Una escuelita cobijó tus sueños
de botija pueblero, desde el alba
de una ciudad que hundía sus raíces
en el cauce del Río de la Plata.

Entre los muros cálidos de un patio,
Zorzalito inocente de alas altas,
con lápiz, tinta, tizas y cuadernos
Durazno casi Médanos te ampara.

¡Qué importa si hoy la nombran de otro modo,
si es Barrios Amorín o escuela Wara..!
En el aula, en el aire, en los recreos
se oye el eco inmortal de tu campana...

Y dicen que una sombra va arrancando
a su tañido sones de guitarra,
robándole sollozos al madero
que lleva, como vos, savia uruguaya.

Sobre su esquina crispan lunas sepias
la amarga eternidad de una añoranza
que no tiene consuelo, porque lejos,
tu voz se convirtió en eterna llama.

Ardiendo en tangos anda todavía
por ese Barrio Sur que vio tu infancia,
mientras tu canto arpegia besos dulces
en la boca del Río de la Plata.

Martina Iñiguez

(2)
ISLA DE FLORES

Isla de Flores, tan angostita,
mi callecita costa del mar
en tus casuchas nacieron todos
los más coperos del arrabal
y cuantas noches a mis oidos
llegaron ruidos del guitarrear
y en las heridas del conventillo
me hicieron taura para tanguear.

Calle, de mis primeros principios
fuiste donde comencé a topar
Calle, por tí me hice milonguero,
me embriagué con tu bullicio
y el tango ha sido mi vicio
en mi vida de arrabal.

Y aunque he sufrido en esta ausencia
las consecuencias de un berretín
por tí he perdido a mi viejecita,
mis 20 abriles, todo perdí,
y los recuerdos aun no han borrado
mi cruel tormento, mi horrible mal,
yo te perdono, nada reprocho
mi callecita, costa del mar.

Calle..., de mis primeros principios
fuiste donde comencé a topar
Calle..., por tí me hice milonguero,
me embriagué con tu bullicio
y el tango ha sido mi vicio
en mi vida de arrabal.

Letra de Roman Machado
Música de Arturo César Senez


(3)
DURAZNO Y CONVENCIÓN

La calle Durazno nace a la intemperie,
telón ceniciento, palmeras al viento.
Abierta a las olas marrones y blancas
de la playa chica que muere en el Gas.

La calle Durazno muere sin saberlo,
cuando se ilumina, toda de lila,
en pleno diciembre, la hora más lenta,
la siesta obligada del jacarandá.

La vida,
la vida como siempre dura,
la noche como siempre oscura
por la calle Convención.
El mismo,
el mismo taconeo absorto,
los yiros del paseo corto
de la calle Convención.
La vida,
la vida tironeando el cobre,
la tienda del judío pobre
de la calle Convención.
Botijas,
botijas de la moña suelta
de las rodillas bien mugrientas
por la calle Convención.

La calle Durazno atraviesa dos barrios
de chata figura, de amarga dulzura
son Sur y Palermo, rivales y hermanos
que cruzan Durazno camino del mar.

Candombe,
candombe murga y batucada
paseándose por la bajada
de la calle Convención.
Canilla,
canilla… Acción, El Plata, El Diario…,
paquete bajo el brazo largo
por la calle Convención.
Los lentes,
los lentes de los relojeros,
los ojos de los bagayeros
de calle Convención.
Y un día
y un día te veré contento
el día que te lleve el viento
de Durazno y Convención.
Los perros,
los perros de los bichicomes
durmiéndose por los balcones
de la calle Convención.
Baldosas,
baldosas partidas hace años,
recuerdos que me hicieron daño
por la calle Convención.
Y un día,
un día te veré contento,
el día que te abrace el viento
de Durazno y Convención.

Letra y Música: Jaime Roos


waltercelina1@hotmail.com

sábado, 21 de julio de 2007

ITINERARIO ARTÍSTICO DE CARLOS GARDEL

Escribe Walter Ernesto Celina

PRECISIÓN PRELIMINAR

La cronología que se expondrá tiene una finalidad general de difusión. No procede de una biografía acabada de Carlos Gardel. Ella seguramente es una deuda -compleja-, reservada a los historiadores que incursionan en el campo de la música popular rioplatense.

El itinerario que se expone no tiene pues, el carácter de una apreciación concluyente, sino de una aproximación cronológica, sujeta a necesarias revisiones.

La relación surge como fruto de investigaciones diversas, en la que han aportado sus elementos constitutivos variados autores y, muy en especial, el Profesor Emérito Universitario Arquitecto Nelson Bayardo.

A los amables lectores agradeceré quieran suministrar los elementos conducentes para una nueva presentación del texto, remitiendo todo dato, antecedente o juicio que se estime relevante, con las señales, en cuanto corresponda, de personas, tiempo y lugar.

La búsqueda de la verdad histórica siempre ha de necesitar de las pesquisas, como de la reflexión colectiva.

Por encima de cualquier diferencia interpretativa o de detalle se advertirá, en el recorrido que a continuación se traza, que la talla de Carlos Gardel en el escenario artístico es de una dimensión extraordinaria.

La gratificación estética que producen sus interpretaciones, atravesando sucesivas generaciones, inducen al disfrute y recuperación constante de su notable genio e inolvidable imagen.

VEINTICINCO AÑOS PARA LA ETERNIDAD

1910.- Viaja de Buenos Aires a Montevideo en 1908, retornando a la gran ciudad en 1910. Se iniciará el tiempo en que su estrella comenzará a anticipar sus grandes destellos.
Paseará su figura de cantor por Corrales Viejos, Mataderos, Barracas, El Abasto. Será tramoyista de teatro, claqueur en la Trouppe Ghiglione, integrante de conjuntos carnavalescos, animador de fiestas en clubes políticos, studs y reuniones.
Estará en contacto con Gabino Ezeiza, José María Silva, Pedro Garay, tras haber alternado en Montevideo con Arturo de Navas.
Barajará naipes y cantará en el Café O’Rondeman, de los hermanos Traverso.

1911.- Se relaciona con José Razzano, para formar el memorable dúo de El Morocho y El Oriental.
Frecuenta el Café del Pelado.

1912.- Junto a Pancho Martino realiza una gira, poco exitosa, por el Interior de Argentina.

1913.- Registra grabaciones acústicas para el sello Columbia. La serie se inicia con El Tirador Plateao y El Pangaré.
Al dúo formado con Martino han de agregarse Razzano y Salinas. Del agrupamiento subsistirá la dupla Gardel-Razzano.
Goza de los favores de Madame Jeanne.
Con Razzano son contratados por el Cabaret Armenonville.

1914.- El dúo debuta en el Teatro Nacional con la Compañía Ducasse-Alippi.
Frecuentan el Café de los Angelitos. Se vincularán a la tertulia de los hermanos Laurent, Armando Deferrari, Luis Ángel Firpo, Joaquín de Vedia, Armando Defino. El mítico café ha de unirlos a Ezeiza, Ríos, Bettinotti.

1915.- El 18 de junio el dúo debuta en Montevideo, en el Cabaret Royal, de Visconti Romano. Accederán luego al Teatro 18 de Julio.
Poco después, viajarán a Brasil.
Incorporan al guitarrista negro José Ricardo.
El 11 de diciembre, al retirarse de un baile en el Palais de Glace, es herido de bala. Se repone en una estancia de Valle Edén, Departamento de Tacuarembó.

1916.- Recuperado actúa en el Teatro Politeama de Montevideo. Concurre a los ranchos de la costa, en Malvín y Buceo, y acompaña los combates de los boxeadores Ángel Rodríguez y Andrés Miguez. Asiste al Hipódromo Nacional de Maroñas y a riñas de gallos en el picadero de Gral. Flores y Larrañaga. Se aloja en los Hoteles Lanata y Cervantes. Es habitué de los Restauranes Morini y Stradella.
En Buenos Aires actuará en el Teatro Esmeralda (después Maipo).

1917.- A dúo con Razzano, imprimirán Cantar Eterno, el 9 de abril, iniciando presentaciones para el sello Odeón. Como solista registrará El Tirador Plateao.
En mayo filma Flor de Durazno.
En Montevideo, en el Moulin Rouge, escuchará a Pascual Contursi cantando Mi Noche Triste.
Grabará el tema, que circulará al año siguiente. Se trata del primer tango llevado a la placa.

1918.- Acompañando a la Orquesta de Firpo, el dúo promociona sus producciones por el Interior de Argentina,
1919.- Con Razzano continúa sus presentaciones en el Interior. Actúan en teatros y ofrecen espectáculos en actos de beneficencia, fiestas, etc.

1920.- Se domicilia en Rodríguez Peña N° 451.
El Consulado de Uruguay en Buenos Aires le expide el certificado de nacionalidad donde se acredita su nacimiento en Tacuarembó, el 11 de diciembre de 1887.
Conoce a Isabel del Valle, su novia oficial.

1921.- Se afilia a una entidad de Paseo Colón para cumplir ejercicios de reducción de peso. Se somete a sesiones intensivas de gimnasia y masajes. Con amigos trota desde el barrio del Once a Palermo. Hace pelota vasca y bochas. Concurre al Club de Box Policial para quemar -por su propia expresión- los “roschepu”.
Conoce a Ireneo Leguisamo en el Hipódromo Nacional de Maroñas.
El guitarrista Desiderio Barbieri se incorpora al acompañamiento del dúo.

1922.- Traba contacto con el escritor Jacinto Benavente, quien lo interroga sobre el uso del lunfardo. Le contesta con humor: “¡Póngale la firma, Don Jacinto! En el trocén no tanto, pero en los riobas hay cada orre que la chamuya al vesrre.”
Este año habría tomado clases de canto con el Maestro Eduardo Bonessi.

1923.- Vuelve a actuar en el Teatro 18 de Julio.
Gestiona la ciudadanía argentina, manteniendo la declaración de nacimiento en Tacuarembó.
El 15 de noviembre parte con Razzano y guitarristas para España.
Debutan en Madrid con la Compañía Rivera-de Rosas.

1924.- De regreso en Buenos Aires, Gardel canta en un homenaje al Príncipe de Savoya.
Realiza su primera actuación radial en la Emisora Splendid acompañado por Francisco Canaro y sus músicos.
El Dr. León Elkin lo trata de la garganta.

1925.- A iniciativa del Presidente Alvear el dúo participa de un homenaje al Príncipe de Gales.
Adquiere el caballo Lunático.
Razzano pierde calidad vocal, disolviéndose el binomio. El Oriental asumirá como administrador de Gardel.
Parte para España con el guitarrista Ricardo. Se presenta en Barcelona, ciudad en que efectúa su primer registro eléctrico.

1926.- Cosecha éxitos en España. Es distinguido por el Rey Alfonso XIII.
Cumple actuaciones en Radio Prieto.
Con Berthe Gardes e Isabel del Valle comparte en Buenos Aires la casa de Rincón N° 137.
Adquiere la propiedad de Jean Jaurés N° 735.

1927.- A sala repleta se presenta en el Teatro Solís de Montevideo.
De retorno a Buenos Aires es escuchado en el Café Tortoni por el dramaturgo Luigi Pirandello.
Viaja nuevamente a España.

1928.- De Barcelona pasa a Bilbao, San Sebastián y Santander desarrollando un ciclo de recitales.
Actúa en radios.
Es aclamado por el público catalán, el que le obsequia un automóvil Graham Paige.
En el Río de la Plata incorpora al guitarrista José María Aguilar, quien hace sonar las cuerdas con un efecto de mandolina.
Su posible relación con una mujer del mundo nocturno porteño precipitaría su retorno a Europa. Parte rumbo a París, con guitarrista, manager y chofer.
Permanece cuatro meses en la cartelera del Dancing Florida de París.
Efectúa nuevas grabaciones.

1929.- Viaja por Italia y, de retorno a París, participa en el Teatro Ópera del Festival Bal de Petit Lits Blanches, en el que intervendrán el notable Maurice Chevalier y la cantante y danzarina Jeanne Marie Mistinguette, además de Lucien Boyer, el actor Raimu y Osvaldo Fresedo con su orquesta.
El Presidente de Francia Gastón Doumergue le solicita interprete El Carretero.
Actúa en Cannes y, de nuevo en París, lo hace en el Teatro Empire y en el Dancing Florida.
En tres meses se venden 70.000 de sus discos.
Canta para emisiones en cadenas radiales que cubren Londres, Madrid, Barcelona y otras ciudades europeas.
Viajará a España.
Se desvincula del guitarrista Ricardo.
Regresa a Buenos Aires, el 17 de junio, en el vapor Comte Rosso.
Ocupa el inmueble de Jean Jaurés N° 735.
Compartirá actuaciones con la exquisita Josefina Baker, Libertad Lamarque e Ignacio Corsini.
Se somete a una intervención nasal. Después será tratado por el otorrino uruguayo Dr. Quintela.

1930.- Integra al guitarrista Domingo Ángel Riverol, junto a Barbieri y Aguilar.
Graba con Francisco Canaro y Biaggi-Rodio.
En julio visita la concentración de los futbolistas uruguayos que intervienen en el Campeonato Mundial de Montevideo. Interpreta Isla de Flores y La Uruguayita Lucía.
Saluda también a la selección de Argentina.
En El Imparcial, del 13 de julio, sostiene haber nacido en Tacuarembó y tener 48 años.
Realiza un film de canciones en el que dialoga con Francisco Canaro, Enrique Santos Discépolo, Antonio de Navas y Celedonio Esteban Flores.
Viaja a Europa.

1931.- En Niza, en El Palacio del Mediterráneo, comparte cartelera con la Mistinguette y cultiva su amistad con el genio de Charles Chaplin.
Recibe a su amigo Ireneo Leguisamo.
Sus relaciones con la Baronesa Sally de Wakefield suscitan comentarios en medios latinoamericanos.
Se separa del guitarrista Aguilar.
En Joinville filma Luces de Buenos Aires.
En la Sorbona participa en un concierto con Julio De Caro.
En Buenos Aires asocia como guitarrista a Julio D. Vivas.
Carlos de la Púa le critica que cante canzonetas.
Con la orquesta del franco-armenio Kalikian Gregor graba canciones en francés.
Actúa en el Teatro Artigas de Montevideo.
Designa a Armando Defino como nuevo administrador.
Retorna a Europa.

1932.- Visita Nápoles, Niza, París, Londres. En capitales europeas realiza actuaciones radiales.
Se transmite al Río de la Plata un programa de celebración del 25 de Mayo.
Filma Espérame, la Casa es Seria y Melodía de Arrabal.

1933.- El 13 de enero comienza en Buenos Aires su último ciclo de grabaciones con Barbieri, Riverol, Vivas y Pettorossi.
Deja sin efecto el poder que en 1925 otorgara a Razzano.
Graba con las orquestas de Alfredo Castellanos y Francisco Canaro, así como con el guitarrista Vivas.
Participa en la revista musical De Gabino a Gardel, de Ivo Pelay.
Hugo Mariani, Director de la Orquesta de la National Broadcasting System (NBS), le ofrece contratos en Nueva York.
Reaparece el 29 de setiembre en el Teatro 18 de Julio de Montevideo, registrando un clamoroso suceso.
El 5 de octubre canta en una fiesta ofrecida por el dictador Gabriel Terra, generando malestar en el círculo de sus amistades. Al día siguiente realiza una actuación en Radio Carve. Rechaza cantar en el selecto Club Uruguay. Dedica una velada gratuita para enfermos del Hospital Fermín Ferreyra.
En Uruguay realiza una gira que comprende las ciudades de Mercedes, Salto, Paysandú y San José.
En el barrio montevideano de Punta Gorda-Carrasco escritura la compra de un terreno. Declara haber nacido en Tacuarembó.
Ante la inminencia de su viaje a Nueva York se le ofrece una despedida en el Stud Macchio.
Visita a la familia de Razzano.
El 6 de diciembre realiza sus tres últimas grabaciones: Tu Diagnóstico, El Tirador Plateao y Madame Ivonne.
Parte en barco para Barcelona. Llega a París. Visita Toulouse.
La Baronesa Wakefield celebra su cumpleaños, oportunidad en que le confiará al periodista Manuel Sofovich tener 49 años (7 más que los declarados en el testamento ológrafo).
Zarpa para Nueva York el 22 de diciembre.

1934.- Obtiene, tras las presentaciones que le brindara Hugo Mariani, un abultado contrato para intervenir dos veces a la semana junto a la orquesta de la NBS.
Conoce al arreglador Terig Tucci.
Se somete a intensas sesiones de gimnasia.
Estudia inglés por el Método Cortina y ensaya letras en este idioma.
Obvia un contrato para acompañar a la diva Gloria Swamson.
El 5 de marzo Radio Splendid emite una audición en la que Gardel canta desde Nueva York, siendo acompañado por sus guitarristas en Buenos Aires.
El 20 de marzo firma con el sello Paramount un contrato para filmar dos obras, con opción a cuatro más.
En Long Island produce Cuesta Abajo y el Tango en Broadway.
Realiza las grabaciones de Criollita Decí que Sí y Cuesta Abajo.
Vuelve a Europa. Visita Toulouse.
Habiendo retornado a Nueva York, filma secuencias de Cazadores de Estrellas.

1935.- En Long Island realiza El Día que me Quieras.
En febrero filma Tango Bar.
El 15 de marzo efectúa una emisión desde Nueva York para Radio Belgrano.
El 20 siguiente llevará al disco Guitarra Mía, su última grabación.
Sacha, una vidente rusa, le predice un destino trágico.
El 28 de marzo sale de Nueva York con su comitiva artística.
En abril ocupará las carteleras de Puerto Rico. Luego estará en el Teatro Principal de Caracas.
A pedido del mandatario venezolano Juan Vicente López llegará a Maracay, La Ciudad Jardín. La gira se extenderá a Valencia, Maracaibo, Cabimas. Viajará a Curazao y Aruba. Pasará por Barranquillas y Cartagena.
El 10 de junio tendrá un recital en Medellín.
El 14 siguiente, en forma clamorosa, es recibido en el aeródromo El Techo, de Bogotá.
Se presenta en los Teatros Real y Olimpia y tiene una despedida radial apoteósica en la Voz de Víctor.
Es homenajeado en el Restaurante Francés, donde otra vidente presagia su fin.
El 24 de junio se apagará su voz, la que volverá para siempre, cada vez que alguien susurre las estrofas de un tango.

waltercelina1@hotmail.com

COMENTARIO ACERCA DE UN NACIMIENTO MEMORABLE

Selección por Walter Ernesto Celina

He tenido oportunidad de presentar, en nota anterior, “El parto”, un fragmento de la novela del escritor argentino Dr. Norberto S. Baranchuk, titulada “El nacimiento de Carlos Gardel”.
Las investigaciones más modernas y profundas establecen la nacionalidad uruguaya del gran cantante, lo que por cierto colma de orgullo a los tacuaremboenses y connacionales. Se trata de un accidente lugareño.

La magnitud de la figura de “El Mago” es objeto de análisis históricos, lo que ocupa un lugar destacado en el ámbito de las pesquisas. Nuevas y más recientes evidencias permiten desalentar la tesis de un Gardel francés, en lo que se conoce también, como la “historia oficial”.

Una personalidad de la relevancia de Gardel, que por décadas trasciende la emoción más auténticamente rioplatense y se hace patrimonio de innúmeras comunidades del habla hispana, es materia de leyendas que deambulan en boca de la gente y, también, de incorporaciones frecuentes al ámbito literario.

“El nacimiento de Gardel” pertenece a este último género.

Antonio Giunta, miembro de la Fundación de la Academia Nacional del Tango, vierte el siguiente comentario al presentar la novela de Baranchuk:

“Mientras paseamos por Tacuarembó y disfrutamos de sus personajes, participamos de una historia mítica, porque de eso se trata “El nacimiento de Carlos Gardel”. Podemos acceder a ella a través de la pasión, desde una comprometida búsqueda de la verdad, si la verdad histórica fuera necesaria y posible; también podemos iniciar su abordaje a través de la emoción que despierta el ídolo popular.
Pero lo mejor es dejarse llevar por la pluma del autor, quien juega con datos aleatorios y los baraja, los poetiza, los desenvuelve cual sorprendente regalo para rozar la sátira sin dejar de respetar jamás la tradición. A tal punto ello es así, que al terminar la lectura uno puede llegar a preguntarse sobre el verdadero origen del más grande cantor nacional.
¿Cantor nacional? ¿De qué nación hablamos? ¿A qué lugar pertenece? No hay duda que los interrogantes sólo sirven de pretexto para urdir una historia atrapante, ante la que hay que esforzarse para no ser alcanzado por la controversia.
¿Será necesario hacer llover tanta tinta, como sugiere Norberto S. Baranchuk para establecer el sitio del nacimiento de ídolo? El mito es creado por el pueblo; lo siente suyo como si hubiese sido hecho a su imagen y semejanza. Los argentinos también pecamos de soberbia cuando decimos que Carlitos eligió ser argentino.
Pero él, como todo ídolo, carece de nacionalidad; es universal.
El poeta Horacio Ferrer contó que, a pocos días de nacer en Montevideo, sus padres viajaron con él a Buenos Aires en el vapor de La Carrera. Ocupaba con su madre una de las literas altas, y cuando el río se puso bravo, Horacio cayó al suelo y ¡oh milagro!, resultó ileso.
¡Nació de nuevo! ¿Pero, dónde? Justo en la imaginaria línea que divide las aguas territoriales del Río de la Plata, entre Uruguay y Argentina. Con esta historia resolvió el problema de tener que elegir. Simplemente, devino rioplatense.
¡Vaya uno a saber dónde nació Gardel! Tal vez en otra galaxia y, al caer su nave espacial en algún punto de la tierra, se convirtió en un ciudadano de este planeta.
En tren de imaginar, creo que en el fondo a todos nos gustaría que esta última historia fuese la verdadera. Es más, tal vez lo sea.
Debo confesarles mis sospechas. Creo que en realidad nació en el Río de la Plata.”

waltercelina1@hotmail.com