jueves, 16 de febrero de 2012

CARLOS GARDEL, ACTOR EN LA LITERATURA DE VANGUARDIA

Escribe Walter Ernesto Celina

No es frecuente el ingreso a la literatura novelada de los grandes artistas, respecto de los cuales se publican biografías, ensayos y, en menor medida, memorias.
El caso de Carlos Gardel, prototipo del intérprete rioplatense del tango, escapa a tal consideración.
Han de cumplirse 77 años de su muerte, cuando la tragedia sacudió el campo de aviación de Manizales, en Colombia.
Sus interpretaciones imperecederas trascendieron los añejos discos de pasta, para proseguir la difusión en todas las versiones tecnológicas subsiguientes.
Su música, sus tangos de prosapia arrabalera, sus canciones tocadas de poesía, se cantan, se silban y tararean por doquier. Las voces más encumbradas del canto lírico universal descubren con admiración los registros de El Zorzal.
Tal vez, esta rarísima constante constituya una explicación posible para que Gardel sea hoy materia de trato literario.

La editorial Random House Mondadori acaba de lanzar en Buenos Aires 5.000 ejemplares de El alma de Gardel, del escritor uruguayo Mario Levrero.
No me detendré en los variados títulos en los que Carlos Gardel es centro en escritos novelados, que abarcan -al menos- los 25 años finales del siglo anterior.
El foco ha de ser la personalidad de Mario Levrero, la peculiaridad de su estilo y la forma de traer al ruedo a El Mago.

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¿Conocí a Levrero en su apartamento de Montevideo, en la época difícil en que hablar de política y escribir acarreaba la inmediata sospecha de subversión. Creo que fue en 1981, cuando ocupaba un apartamento en el edificio Algisa, en la calle Soriano al 936 (Montevideo). Ventanas abiertas, libros y papeles en las habitaciones, alguna pared grafitada, escaso mobiliario y poco dinero.
Sobrio en sus modales. Breve en cordialidad. Con rasgos de introversión o, más que eso, de sujeto volcado a una ebullición interior. Había nacido en 1940, en la otrora Tacita de Plata. Tenía mucho de trotamundo. Vivió en Colonia, Piriápolis, Rosario, Buenos Aires y llegó a Burdeos. Fotógrafo, librero, humorista, editor, profesor de talleres literarios.
Hacia 1985 Buenos Aires, la gran madre de adopción en el Río de la Plata, lo acoge, reconoce su talento y catapulta su producción.
El alma de Gardel es de 1996. Su labor autoral supera los 25 títulos. Gelatina es de 1968; La ciudad y La máquina de pensar están escritas en 1970; Los carros de fuego en 2003. Fallecido a los 64 años, en 2004, son editadas La novela luminosa, 2005; Irrupciones, 2007; Trilogía involuntaria, 2008 y, en 2010, La banda del Ciempiés.

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¿El alma de Gardel es una novela breve, de 195 páginas, escrita en Montevideo. Tiene códigos propios, los que encajan en el sistema de signos más particulares con los que desenvuelve relatos, rescatando recuerdos e implicando percepciones nuevas. Lenguaje llano y terso.
Las señoras de la biblioteca, a las que les roba un paraguas; aquel hombre extraño y lo que dice; cómo cae la lluvia, cómo escudriña a los visitantes, son algunos elementos de la composición. Julia, Caorsi, Gardel, las ancianas y el mismo Levrero están en escena.

En un momento, el personaje manifiesta algo así:-“Llamaron a la puerta, y cuando miré por el visor no había nadie; no me sorprendió, porque nunca puedo distinguir entre la chicharra de la puerta aquí en el tercer piso (donde lo conocí, agrego. W.E.C.), y la del portero eléctrico. Cuando llaman a la puerta de calle tengo por norma no atender. Los que me conocen saben que tienen que llamar por teléfono antes de venir, porque yo hago muchos de mis trabajos en casa y saben que no me deben interrumpir. Por otra parte, no tengo interés en conocer gente nueva, y menos…”
-“Con todo, me asomé al balcón y miré hacia la calle…”
Este instante revive algo de lo que presencié en aquel piso de Soriano 936.
¿Y de Gardel?
No entro a la trama. Tomo sólo una piedrita de arena:
-Aquel hombre con aspecto de loco “vió en la biblioteca que yo tenía, entre otros, un par de libros que hablaban de Gardel; se me acercó y me empezó a hablar…”
-El sujeto manifestaba: “Gardel sólo quiere elevarse, que lo dejen en paz para elevarse. Hace mucho tiempo que está atrapado en la zona inferior, reclamado continuamente por los que escuchan sus discos y gente como usted, que estudian su vida. Todo eso lo tira hacia abajo…”
La imagen surrealista tiene una pincelada, no final:
-“No sé si era él, pero me pareció que era él, tocando el timbre allá abajo, y me fui al dormitorio, me acosté y me quedé dormido.”

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¿Qué señala la crítica literaria? Una opinión, que me parece válida -desde el mero ángulo de lector-, es la que lo encuadra en una clasificación que Ángel Rama denominó “la escritura de los raros”, de los artistas singulares de la pluma uruguaya, encabezados por Felisberto Hernández, José Pedro, Díaz, Armonía Somers, Marosa Di Giorgio (algunos contemporáneos de Levrero). Unos y otros, al concluir sus labores literarias, clausuran sus maneras expresivas, sin seguidores a la vista. Levrero, por el contrario, tiene admiradores que cultivan sus enseñanzas. Existe una razón eficiente: pasaron por sus grupos de estudio.
Puede sostenerse, a todo esto, que un Carlos Gardel redivivo es objeto privilegiado de la literatura rioplatense de vanguardia.
La sonrisa que cinceló el tango, ocupa un nuevo proscenio.-

sábado, 2 de julio de 2011

CÓMO MURIÓ GARDEL

Escribe Walter Ernesto Celina
walter.celina@adinet.com.uy – 17.06.2011

Carlos Gardel frisaba los 50 años al fallecer en el accidente aeronáutico de Medellín, Colombia.
Del trágico hecho han de cumplirse 76 años.
No se conoce en la historia de los grandes artistas de cuño popular una figura que haya logrado trascender su tiempo del modo en que lo hace este cantante, siempre vivo y cautivante en el imaginario colectivo.
Al evocarse por estos días su liderazgo, como un creador incomparable de la tanguística rioplatense, su voz y estilo agitan los espacios musicales.
Tras esa presencia, familiar para las viejas generaciones y asombrosa para los jóvenes melómanos, vuelve a levantarse la leyenda.
¿Un accidente motivado en qué?
¿En irregularidades topográficas del aeródromo, en ráfagas cordilleranas, en la sobrecarga de los materiales transportados, en un acto de imprudencia motivado por rivalidades de empresas y pilotos, en un conflicto acaecido entre la tripulación?
De todo esto y más se han trazado conjeturas. Hasta que El Zorzal pudo salir vivo de entre los hierros candentes.
Ricardo Ostuni, investigador argentino de reconocida solvencia, en su trabajo Repatriación de Gardel (Ediciones “Club de Tango” – Bs. As. 1995) expone al respecto una documentación amplia, que permite tener una idea bastante completa de las circunstancias que rodearon el conmocionante episodio.
El informe técnico oficial admite las deficiencias terreno del aeródromo “Olaya Herrera” (Medellín), así como la ocurrencia súbita de corrientes de aire breves, en horas de la tarde. Aquel 24 de junio esta manifestación aerológica se habría producido 10 segundos antes del choque del avión en que despegaba Carlos Gardel, con otro próximo que aguardaba turno con los motores encendidos.
En 1984 el uruguayo Horacio Arturo Ferrer entrevistó al único periodista presente en el evento, Don Horacio Henao Gaviria: “el choque de los aviones fue como una bomba atómica. Se oscureció el aeropuerto…”
Terencio Espaini, investigador colombiano y, a la vez, observador meteorológico y despachante de aeronaves, confirma la rivalidad nacionalista entre la empresa colombiana SACO, creada por el piloto Ernesto Samper Mendoza, opuesta a la alemana SCADTA -primera en las Américas y segunda en el mundo-, que “respondía a los planes expansivos del nazismo”.Samper Mendoza pudo haber intentado un vuelo de aproximación a la nave de la empresa germana, respondiendo a uno rasante que el 20 de junio anterior había recibido de la compañía extranjera. La maniobra riesgosa se habría tornado fatal al sobrevenir un viento inesperado.

José María Aguilar, uno de los sobrevivientes, relató: “Al chocar nadie se movió. Se ha dicho que Carlitos gritó y golpeó en el vidrio. La verdad es que un ala del trimotor con que habíamos chocado se introdujo en el F-31 en el que viajábamos y descabezó a algunos de sus ocupantes. Pudo establecerse más tarde que a Carlitos Gardel le había cortado ambas piernas y que había recibido otras heridas mortales, de manera que su sufrimiento no debió ser prolongado.”

En la modesta máquina, que alzaba vuelo con los desafíos de aquel puñado de sembradores de tangos, iban Carlos Gardel, Alfredo Le Pera, Celedonio Palacios, Alfonso Azaff, Guillermo D. Barbieri, Ángel D. Riverol, José Corpas Moreno, José María Aguilar, José Plaja, Henry Swartz y la tripulación integrada por Ernesto Samper Mendoza, Grant Yetman Flynn y Willys B. Foster Stuart.
Del fuego y las cenizas, como el Ave Fénix, nacía otro Carlos Gardel. Tan nuestro como el de sus canciones: el de una historia final y una leyenda resistente.-

domingo, 15 de mayo de 2011

EN TORNO A GARDEL

LITERATURA E INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
Escribe Walter Ernesto Celina
walter.celina@adinet.com.uy - 03.04.2011

El deslinde o distinción entre literatura e investigación de hechos históricos y contextos sociales reconoce la aplicación de metodologías distintas. Ciertas confusiones, relativamente comunes, obedecen a la existencia de áreas tangenciales entre estos campos, cuyos mojones se corren por la ausencia de fuentes documentales, por hipótesis de algún atractivo que suplen a aquellas, por la vieja tendencia a dar por cierto lo no probado, por el empleo de habilidades expositivas en que las presunciones aparecen relatadas junto a hechos verificados y cosas así.
La crónica periodística, que suele exaltar la genialidad de un actor a propósito de virtudes reales, tiende a adosar una literatura que no se compadece con la materia histórica propiamente dicha. Obedece al objeto de redondear la presentación de un tema. Abrevan en leyendas y mitos o los renuevan, añadiendo más colores al plumaje del Ave Fénix. Pero, es materia distinta de la historia como ciencia. Pero cabe distinguir lo central de las florcillas sobre un escenario.
El periodismo de mayor exigencia no puede prescindir del estudio. Este es el nervio de una nota seria. La costumbre de citar la fuente de lo dicho, para que el lector acceda con mayor detalle a lo resumido por el redactor, es una sana modalidad, no siempre seguida. En oportunidades, salteada ex profeso.

Comentaré la extrañeza con que leí un artículo del Sr. Julián Barsky, en la revista católica argentina “Esto es historia”, Nº 479 (junio de 2007). Promocionaba en tapa una gran foto de “El Mago”, con el titulo “La pasión según Gardel”. No importa su vejez de casi 4 años.
Empieza así:
“A Nicolás Díaz, la mujer le llamo la atención de inmediato. No era la típica imagen de la admiradora del cantor, pulcramente vestida y perfumada; por el contrario, presentaba un aspecto desalineado y nervioso que no presagiaba nada bueno. (Subrayado de WEC)..
-Lo siento señorita, pero esto es una reunión privada, dijo el empresario acercándose.
-Es que Ud. no entiende, señor. Tengo que hablar con él, tengo que decirle algo muy urgente. Por favor…
Díaz dudó, y el momento fue aprovechado por la muchacha para evadirse y llegar hasta la mesa de Gardel. Varios comensales se acercaron, pero se detuvieron ante un gesto del cantor.
-¿En qué puedo servirle señorita, preguntó cortés.
-No debe viajar, señor Gardel. ¡Es peligroso!
No se preocupe señorita, ya hemos viajado antes.
-Ud. no entiende, se sofocó la mujer, al borde de las lágrimas.
–He venido a salvarlo. ¡No suba Ud. a ese avión!
Gardel ya había vivido escenas parecidas en otros países. Con leves matices, la situación era siempre la misma: mujeres que le aseguraban haber leído en su porvenir una muerte violenta en tal o cual viaje, cartas de videntes anunciando una catástrofe, etc.
Intentó desembarazarse de la joven entregándole unos billetes a modo de agradecimiento, pero ella los rechazó, ofendida.
Poco después, el personal del restaurante la escoltaba hasta la salida.
Aquella fue la última noche de Gardel en Bogotá. Al día siguiente, partió rumbo a Medellín y a la inmortalidad.”
La composición cuyo inicio transcribo agrega una relación de antecedentes y fuentes, a modo de justificación de los asertos. Salvo en el parágrafo mostrado.
Está construido no como parte de una investigación, sino de una literatura animadora de misterios y versiones. J. Barsky hace otros relatos y, al menos, cita años de ocurrencia. Mezcla sustancias distintas.
La ausencia de elementos de procedencia -en el punto exhibido- es total. Es un debe extraño, que se aparta del método de fundamentar y poner de manifiesto evidencias. Pudo decir quién era la mujer, qué más se supo de ella, qué registros hay de la incidencia, personas que acreditaron el episodio, ingredientes de circunstancia y, aún, de otros similares, etc., etc. Pero J. Barsky escogió una “flotación” arcana, propicia a tornarla objeto de fe.
Desde un ángulo científico, la investigación no es tal si es dócil a exhibir y/o mezclar misterios y premoniciones. Las religiones y las verdades reveladas no hacen a la historia, aunque esta puede ponerlas bajo su lupa.

Los Sres. Julián y Osvaldo Barsky publicaron en 2004 “Gardel. La biografía”. Contiene 943 páginas, con secciones trabajadas con esmero y partes no necesariamente compartibles.
Un Gardel sin miedos, ajeno a las supersticiones de su tiempo, en todo caso, muestra un individuo asomado a la modernidad. Una forma jubilosa de ser. Su voz y preclaro vanguardismo hacen a su vigencia excepcional.-

sábado, 31 de julio de 2010

EL GARDEL URUGUAYO DE CARA A BUENOS AIRES

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 28.07.2010

Cuando en el accidente de Medellín el fuego envolvió la vida de Carlos Gardel, junto a sí aparecieron partes chamuscadas de su pasaporte. Pudo leerse algo que, entonces, no tenía discusión alguna: nacido en Tacuarembó, Uruguay.
Si desde sus inicios artísticos, Montevideo se integró a su carrera y sus amistades uruguayas fueron tan constantes como múltiples, siendo notorio que, muchos años después, mantenía en las principales salas de teatro firmes índices de popularidad -mientras los mismos declinaban en las presentaciones bonaerenses-, pareció extraño lo que un día sucedió. Su madre de adopción y un albacea manejaron, en el silencio de los estrados judiciales, una verdad documentaria, tan singular como desconocida. Se trataba de entrar como derecho-habientes en la sucesión del fallecido.

Fue el momento en que nació un Gardel francés y un capítulo de suplantación de identidad.
La Reina del Plata le otorgó a Carlos Gardel los laureles que sólo una gran urbe puede conceder a un personaje que la asume y la colma, desentrañando sus más puras emociones.
Nacionalizado argentino, Gardel en ningún documento -de los múltiples en que declara su origen- abjura de su Tacuarembó natal.
Una ferviente campaña a favor del Gardel francés motivó que, en estos días, Buenos Aires haya escuchado una exposición metódica, que abarcó distintas fases de la vida del célebre intérprete. La particularidad ha sido que han participado figuras importantes de la investigación histórica, así como que se posibilitó la discusión para que representantes del núcleo francesista explicaran y documentaran la visión de lo que, también, se ha llamado la historia oficial.


La Sra. Martina Iñiguez, animadora constante de nuevas fases en la pesquisa de la existencia real de El Mago, ha dado a conocer un estudio que ahonda y enriquece los trabajos de Erasmo Silva Cabrera, Nelson Bayardo y Eduardo Paysée González, sostenedores de la uruguayidad de El Zorzal.
Anticipando la valía de este análisis, han opinado dos personalidades argentinas, de indiscutible solvencia y seriedad: Otilia Da Veiga, académica de la entidad lingüística del lunfardo de Buenos Aires, y Ricardo Ostuni, miembro del mismo instituto, profesor tangófilo, analista gardeliano y publicista de la materia.

Sobre Iñiguez y su labor, reflexiona Otilia Da Veiga: Es una estudiosa que cumple con todos los mandatos que conlleva la investigación; reflexiva, sistemática y controlada en su finalidad de interpretar los hechos, en una tarea objetiva y lógica. Agrega seguidamente: Investigar es una tarea tan inacabable como la realidad abierta y múltiple y no interpreto que nadie merezca por ejercerla, la hoguera virtual ni deba resignarse por ello a una reputación equívoca, con lo que alude a agravios que ha soportado la afanosa trabajadora gardelista. Y remata su comentario con una sentencia propositiva: Creo, más bien, en lo que decía San Agustín: “Busquemos como buscan los que aún no han encontrado, y encontremos como encuentran los que aún han de buscar”.

Tómense estos conceptos concluyentes de Ricardo Ostuni, avalando las noveles conclusiones de Iñiguez: Martina hunde el bisturí de la investigación en la misma médula del conflicto y extrae material que permite un estudio más profundo, más coherente, más ajustado a las circunstancias irrebatibles que fueron posible dar a luz porque se investigó sin preconceptos y con entera libertad.
Y apunta: La historia oficial, ya lo sabíamos, no resiste este tipo de compulsa. Está sostenida, apenas, por una partida de nacimiento y un cuestionado testamento. Entre ambos extremos existe un cúmulo de evidencias que contradicen a ambos documentos. Una misma persona no puede tener dos historias de vida absolutamente diferentes. Baste un solo ejemplo para llegar a tal conclusión. La historia oficial sostiene que Carlos Gardel cursó su 6to. grado en el Colegio San Estanislao, del cual egresó con la calificación de 10 puntos en todas las materias; esto ocurría en 1904, en el mismo momento en que hay constancias fidedignas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que se encontraba detenido en dependencias de la ciudad de La Plata…

Un escenario apasionante que, como en tantos casos, exhibe los rumbos zigzagueantes de la verdadera historia.
Es posible que lo discutido en el evento y/o recibido por Internet, llegue a las librerías, de la mano de Martina Iñiguez.

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jueves, 30 de julio de 2009

PÁGINAS GARDELIANAS

TESTIMONIO DEL PIANISTA NEOYORKINO DE “EL MAGO”
-I-

Escribe Walter Ernesto Celina
EXHUMACIÓN DE ANTECEDENTES VALIOSOS


Concluyo esta fase de las notas que he rotulado “Páginas Gardelianas”, con un aporte que fracciono en dos contribuciones.
El objeto periodístico de esta pequeña serie ha sido difundir hechos reveladores de la vida y personalidad de Carlos Gardel, trayendo a la superficie testimonios que han quedado esparcidos en páginas de prensa.
Obviamente, se trata de elementos fehacientes del multicolor registro que nos legara el gran maestro del canto rioplatense.
Desde este preciso ángulo, su rescate ha de servir a quienes realizan investigación histórica, iluminando aspectos menos conocidos o difusos, todo lo cual ha de concurrir a la construcción de la más exacta biografía del artista. Incluidos los aspectos vinculados a su nacionalidad.
Abraham Thevenet dio su testimonio para el Diario “El Día”, de Montevideo, el 24 de junio de 1975. El recorte de página me ha sido proporcionado por un entrañable amigo: el académico Aníbal Barrios Pintos.
Cabe señalar que los recuerdos de la etapa neoyorkina del maestro Thevenet son de una gran frescura. Su propio rostro, captado para el reportaje, lo muestra con el aspecto de un octogenario de ojos brillantes y sonrisa abierta. Su exposición es minuciosa.

¿QUIÉN ERA ABRAHAM THEVENET?

Thevenet realiza estudios en Montevideo con el eminente Luis Sambucetti (1). En 1924 emigra a Estados Unidos para perfeccionarse. Integrado al mundo profesional, acompañó -como pianista- al ballet negro de Katherine Mary Dunham (2), así como a la cantante de blues Helen Morgan. Décadas después, se instala en España. Regresará a Montevideo en 1956.
En Estados Unidos actúa como integrante del conjunto orquestal que acompaña a Carlos Gardel en los filmes “El día que me quieras” y “Tango bar”.

GARDEL MANIFIESTA SER URUGUAYO

El reportaje al músico compatriota se inicia con estas manifestaciones tajantes:
“La noche que lo conocí en Nueva York, apenas supo que era uruguayo, Gardel me dijo:
-Yo también soy uruguayo.
Me reí y le contesté:
-¡Qué va ser uruguayo Ud.!
Y él, muy cordial pero serio, insistió:
-Sí, nací en Montevideo..., en la calle Rondeau.
Después siguió hablando cómo le gustaba venir a aquí (a Montevideo. W.E.C.) y andar por 18 de Julio, ir a Maroñas, ver a los amigos. Y me acuerdo que nos contó:
-Estoy edificando una casa para mi “vieja” en Punta Gorda.”
Y continúa Thevenet:
“Pero en los meses siguientes nunca más volvió a decirme que éramos compatriotas. Sólo una noche lo hizo y estoy seguro que mencionó la calle Rondeau.”

URUGUAYOS ACOMPAÑAN A GARDEL

Relata el entrevistado en otro pasaje:
“Era en 1934. Yo tocaba en el cabaret y restaurante latino “El Chico”, en Sheridan Square, una plaza de Greenwich Village -el barrio bohemio de Nueva York-, con la orquesta del local.”
Y precisa, con estos detalles:
“Una noche estaba al piano y veo que entra Gardel. Venía con el uruguayo Hugo Mariani, que era el Director Musical de la National Broadcasting. Nunca lo había visto a Gardel, ni tampoco sus películas, pero lo reconocí en seguida. ¡¿Y quién no iba a reconocerlo?!
A Mariani sí lo trataba mucho. Pero cuando terminé de tocar y me invitaron a la mesa de ellos, me quedé muy sorprendido y emocionado. Mariani me lo presentó y después de decirse eso de que era uruguayo -que yo creo que lo hizo un poco para entrar en confianza-, Gardel me habló para que fuese su pianista en las dos películas que iba a filmar. Me explicó que Castellanos no podía trabajar, por ser argentino (no nacionalizado estadounidense. W.E.C.).”
Más adelante, al preguntársele respecto a la orquesta, agrega estos datos:
“Éramos 4 uruguayos: Navatta en el violoncello, Zito violinista, Guido en el bajo y yo. Creo que soy el único que queda ahora. Había 3 violines (los otros eran un argentino y un mexicano) y, además, un acordeón a piano que lo tocaba un ítalo americano, Joe Bibiano. Y nada más. Éramos 6 músicos en total, bajo la dirección del Maestro Argentino Téreg Tucci.”

LLAMADAS:
(1)
Luis Nicolás Sambucetti, célebre violinista y maestro de música montevideano, había nacido en 1860. A los quince años cautivó al público del Teatro Solís, actuó en el Teatro Nacional de Buenos Aires, perfeccionándose en composición y armonía con grandes músicos franceses (Léonard y Dubois).
Por sus obras obtuvo medalla de oro en Milán y amplios reconocimientos en el Plata. Difundió música operística, alcanzando fama por sus creaciones.
(2)
Catherine Mary Dunham, nació en 1910 en Nueva York. Bailarina, coreógrafa y antropóloga. Organizó un elenco pionero de danza afronorteamericana.


12.07.2009
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PÁGINAS GARDELIANAS

PERFIL DE “EL ZORZAL” SEGÚN SU PIANISTA THEVENET
-II-
Escribe Walter Ernesto Celina


UBICACIÓN DEL TESTIMONIO

Aunque fue expuesta en la contribución anterior, tiene interés volver a instalar los puntos de referencia del testimonio que ha de glosarse.
Como consideración primera, la seriedad del oferente del relato. Se trata, nada menos, que del pianista que, en la etapa neoyorkina, acompañó a Carlos Gardel cuando se produjeran “El día que me quieras” y “Tango bar”, sus últimos filmes.

En efecto, Abraham Thevenet era una personalidad musical uruguaya en auge cuando “El Mago” arribara a la ciudad de los rascacielos.
Los presenta Hugo Mariani, distinguido compatriota, director orquestal de la National Broadcasting y amigo íntimo de Gardel.
Tras un diálogo sobre la pertenencia a Uruguay del artista con su músico, en el relato de este -registrado en el Diario “El Día”, de Montevideo, del 24 de junio de 1975-, quedan evidenciadas algunas facetas inherentes a la personalidad, hábitos y compañías que cultivara el rutilante animador del canto rioplatense de todos los tiempos.
He aquí algunas transcripciones significativas, que podrán compararse y complementarse con otras, por quienes traten de ubicar a Carlos Gardel en su mismísima historia.

CÓMO TRABAJABA

Preguntado Thevenet si Gardel trabajaba directamente con Térig Tucci y Alfredo Le Pera, ideando las canciones, contestaba:
“Sí, eso era digno de verse. Venía y le daba un papelito con la letra a Carlos, que la leía 3 o 4 veces y empezaba a silbar. Entonces llamaba a Tucci y le decía: “Escribímela así”. Él no escribía música, pero tenía una gran intuición. Y Tucci le transcribía exactamente lo que quería; todo en un ratito y en 3 0 4 papelitos... y ya, en seguida, hacían las partes para cada uno de nosotros y pasábamos a ensayar.”

En torno a si “El Zorzal” era muy exigente, el entrevistado expone:
“No, solamente que él no quería que nadie le diese la melodía.”
Sostiene de inmediato Thevenet lo que Gardel les repetía: “Muchachos, no me toquen la melodía ¡ por favor!”
Y explica: “Por eso los arreglos de Tucci son todos acordes sueltos, sin línea melódica. Nosotros lo vamos siguiendo a Carlos, apoyándolo; pero únicamente cuando él no canta hacemos fraseos melódicos.” Y subraya: “Él tenía una facilidad enorme; el siempre sabía lo que hacía.”
En cuanto a si se filmaba y grababa por separado, el pianista gardeliano establece que las operaciones se efectuaban en simultáneo: “Todas las tomas eran con acción y sonido a la vez. No había “playback” como ahora. Por eso Gardel gesticula mucho en esas películas, porque está cantando en ese momento. Se rodaban 4 o 5 versiones de cada tango o canción, para elegir después.”
A renglón seguido, revela el comportamiento del actor con sus músicos: “Nosotros ensayábamos con él en un set, mientras arreglaban los decorados del otro. Cuando estaba pronto se encendía una luz roja, pero Carlos no hacía caso y se quedaba conversando y haciendo bromas, porque sabía que nosotros ganábamos por hora. Así nos favorecía.”
Y remata: “¡Era muy buena persona!”

QUÉ HACÍA, CÓMO ERA

La conversación deviene sobre las ganancias obtenidas, el volumen de nuevas filmaciones y la posible asociación con la diva Jeannette Mc Donald.
Anota Thevenet que Gardel aprendía inglés, siendo consciente que iba escalando mayores alturas en aquel medio. Por eso “se cuidaba muchísimo, no salía de noche” y “fumaba muy poco”.
Sobre si bebía: “Sí, mate; que tomaba en mi casa.” Con este agregado: “...Desde que supo que siempre había yerba uruguaya -que me mandaba mi hermano desde Montevideo- Carlos venía muy a menudo. Era un fanático del amargo y de la yerba nuestra (en realidad brasileña, diferenciada de la misionera por compacta y no contener palitos de molienda. W.E.C.).”
Llegaba al apartamento del uruguayo en la Plaza de Sheridan Square acompañado de una mujer muy bella, Perla Greco. En dichas reuniones hablaban y tomaban el clásico mate rioplatense. Entre Gardel y la mujer pudo existir una relación sentimental. No así, con Rosita Moreno, a la que, aparentemente, sólo lo unía una gran amistad.

El vínculo con Tito Lusiardo y Enrique De Rosas habría sido más aparente que real. Con Le Pera, en cambio, eran “inseparables”, no obstante su carácter “bastante hosco”.
Retornando a la disciplina, como a las reacciones femeninas que “El Mago” suscitaba, Thevenet manifiesta que no asistía a los hipódromos, usando una expresión categórica: “Nunca”. Y añade que “llevaba una vida muy concentrada”.
Rememora el pianista que “las mujeres latinas lo perseguían”. Cuando la “première” de “El día que me quieras” se produjo “un gran tumulto provocado por unas portorriqueñas enloquecidas”. Sin embargo, el actor no gustaba de las “exteriorizaciones histéricas”.

FAMILIA, EDAD Y ALGO MÁS

En el reportaje hay momentos que aluden a la elegancia personal, sobriedad de trato y generosidad de Gardel, a los que se agregan dos fragmentos especiales.
Ambos han sido tratados controversialmente por biógrafos e investigadores.
A la pregunta “de qué hablaba Gardel”, Abraham Thevenet responde: “De todo, menos de su vida privada. En eso era muy misterioso. Si uno tocaba el tema de la familia o de algo particular, en seguida derivaba la conversación. Pero nunca le oí hablar mal de nadie, ni quejarse, ni enojarse por nada.”

Ante la interrogante “qué edad tendría en ese tiempo” surge esta contestación, de por sí sugerente: “Ah!, otro misterio. Sin maquillaje representaba entre 45 y 50 años. Tenía unas líneas detrás de los oídos, que me parecen eran marcas de cirugía estética, de una operación que le habían hecho en Francia. Pero se conservaba magníficamente.”
De ahí, el comentario se desliza a otro aspecto conexo tanto a la estética, como al estado físico: “Para adelgazar iba a un club de remeros y salía a remar por el Río Hudson. Pero no quería que nadie lo viese remando.”

martes, 21 de julio de 2009

PÁGINAS GARDELIANAS

EXALTACIÓN DE LO URUGUAYO
EN CARLOS GARDEL

Escribe Walter Ernesto Celina

La corriente de extracción nativista, cultivada en la Banda Oriental desde los albores de la Revolución Independentista y desarrollada con vigor en los tiempos en que el tango irrumpía en la escena como una potente forma musical, mereció la atención de Carlos Gardel.
A los fines de este registro periodístico, importan los hechos objetivos. De seguro, no faltarán las conclusiones que extraigan quienes investigan, paso a paso, la vida del intérprete que mayor altura ha alcanzado en el mundo de habla hispana, desde la década diez del siglo XX hasta nuestros días.

El Prof. Dr. Juan Carlos Patrón dejó testimonios incontrastables de la identificación de “El Mago” con aquel lenguaje poético de cuño popular y acento nativista, de lo que he venido dando cuenta.
Vuelvo a los aportes que dejara registrados el citado académico y dramaturgo compatriota.
Como se recordará, la música de “Insomnio” le reportó a Américo Chiriff 42 pesos iniciales, merced a la letra de José Alonso y Trelles (El Viejo Pancho), interpretada por “El Zorzal”.
Tras percibir el emolumento y abandonando la vieja sede de la Asociación General de Autores (AGADU) -en la calle Uruguay, casi Julio Herrera y Obes-, Américo Chiriff encaminó sus pasos hacia el corazón del Centro. Con su inseparable amigo, el Ñato Pedreira, recalaron en varios “puertos secos", al solo efecto de calmar la sed...
Iban rumbo al Teatro “Artigas” a saludar a Gloria Faluggi -oriunda del Barrio Goes-, quien actuaba con Carlos Morganti y una compañía escénica.
Refiere Patrón que, inesperadamente, al llegar se encuentran -nada menos- que con Carlos Gardel, quien ponía broche final en cada función.
El relato es imperdible:
“-¿Qué tenés de nuevo Chiriff, preguntó Gardel, después de los abrazos de reglamento?
-Nada Don Carlos. Ando mal... No sale nada bueno.
Pero Pedreira había descubierto que Chiriff tenía una canción compuesta, también sobre versos de “El Viejo Pancho”:
“Era memoria linda/ la memoria del viejo/ pa contar sucedidos/ de quien sabe qué tiempos...”
Y Juan Carlos Patrón, continúa:
“Apenas escuchó el tarareo, Carlitos se llevó de arrastro a Chiriff al camarín, le pidio una guitarra a Riverol y la puso en las manos de Chiriff, que lleno de vergüenza insistía:
-No vale la pena, Don Carlos...
Pero no tuvo más remedio de cantar.
-Cantala otra vez pidió Carlos, según relata Patrón, quien sigue:
Y exigió una tercera, una cuarta, hasta una sexta vez. Al fin, se dio por satisfecho... Llamó a un acomodador y le dijo:
-Llevame a estos dos náufragos a la última fila de platea y vigilalos que no se espianten antes que termine la función.
Sobreviene en el testimonio que brinda el catedrático un momento especialísimo:
...Cuando las luces de las candilejas iluminaron una sonrisa -“esa sonrisa tuya que nadie olvidará”- los dos goenses se despertaron totalmente y quedaron embelesados oyendo a Gardel.
La primera interpretación fue un vals:
“Tú eres la vida,/ la vida dulce/ llena de encantos y lucidez...”
Después Carlitos interpretó el primer tango que había cantado en público, estrenado por Manolita Poli en “Los dientes del perro”:
“Percanta que me amuraste/ en lo mejor de mi vida...”
Y para cerrar su actuación, Gardel sonriendo se puso de pie y dijo:
-Señoras y señores... Ahora tendré el gusto de cantarles un estreno. Unos hermosos versos de un gallego que tenía el corazón oriental, “el Viejo Pancho”, con música de otro oriental que se llama... Américo Chiriff!
Rememora Patrón:
"Cuando Gardel terminó de cantar “Misterio”, los dos goenses se abrazaron llorando. Mientras Carlitos señalaba con la mano estirada las sillas de ocupaban los dos amigos, los reflectores los iluminaban y el público los aplaudía de pie.”

En la circunstancia convergen sentimientos que anudan emociones, valoración estética y reconocimiento de la creación.
En Gardel habita lo uruguayo; lo uruguayo es inseparable en Gardel.
Su patria respira con el vigor de lo platense en estilos, vidalitas, cifras, gatos, zambas, cuecas, chacareras, tonadas, triunfos, milongas, para no hablar de sus tangos y canciones, más otras formas exteriores, cultivadas con vivacidad singular.
Cantor de excelencia para vastas comarcas, desde el cenit su voz une pueblos, sin distancias.



06.07.2009