martes, 30 de junio de 2009

PÁGINAS GARDELIANAS - “EL MAGO” ASUME LA POESÍA GAUCHESCA

Escribe Walter Ernesto Celina

Corresponde decir, de modo preliminar, que la poesía gauchesca rioplatense nace con los cielitos de Bartolomé Hidalgo (1788-1822), encendidos en los campamentos de José Artigas, en la Banda Oriental, para alentar la acción independentista. Se difunden por el canto individual y el contrapunto (payada). Hilario Ascasubí (1807-1875) y Estanislao del Campo 1834-1880) (argentinos) le dan nuevo vuelo. Las letras van de boca en boca, adquiriendo con José Hernández (1814-1886) la altísima expresión de las dos partes de su Martín Fierro, conocidas en 1872 y 1879.
Tienen gracia y dulzura y un hálito irrenunciable de coraje.

Una nueva psicología ha de impregnar esta poemática vernácula cuando el gallego-uruguayo José Alonso de Trelles, El Viejo Pancho (1857-1924), publica en 1915 Paja Brava, recopilación de versos gauchescos, por entonces reeditados una veintena de veces.
Carlos Gardel, no se sustrae al embrujo telúrico y arrastra la rica tradición de los pueblos de dos orillas. Les da vida con su voz.
Con música del montevideano Américo Chiriff graba, de Alonso y Trelles, “Insomnio”, “¡Hopa! ¡Hopa! Hopa!”, “¡Cómo todas!” y “Misterio”.

Y, del escritor y poeta uruguayo, Prof. Dr. Juan Carlos Patrón (y música de Froilán Aguilar, hermano de uno de los guitarristas de “El Mago”), perpetúa la pieza “Murmullos”, un tango imbricado en el estilo del Viejo Pancho.

Particularmente reveladora es la afinidad de Gardel con lo uruguayo. La forma en que toma la letra de Juan Carlos Patrón (1905-1979) y, cómo la adopta, es un hecho excepcional de la relación intérprete-autor. Infrecuente.
El hecho fue documentado, de manera precisa, por el intelectual y cientista del derecho que la prohijó. Esta historia será objeto de una contribución periodística inmediata. En tanto, vale recordar el canto gardeliano-oriental:


MURMULLOS
Letra: Juan Carlos Patrón Música: Froilán Aguilar

Cuando el ombú de la existencia

sacude el viento del recuerdo,

se llena el alma de "murmuyos"

que cuentan cosas del tiempo viejo.

En ocasiones, al oírlos,

el cielo claro de los ojos

queda "tapao" de cerrazón

y en otras veces, sin querer,

se va la mano pa’l facón.


"Murmuyos" que traen al alma

la tropa de los recuerdos,

pa’ llegar vienen al trote

pa’ "dirse" siempre son lerdos.

"Murmuyos", "murmuyos" son

que aprietan el corazón.


Y si les echo pa’ correrlos

a la perrada de los sueños,

esos "murmuyos", uno a uno,

me matan "tuitos" los pobres perros.

Sólo la caña los domina

y se los lleva al trote en ancas,

por eso siempre tiene sed

de caña, mi alma, pa’ apagar

la voz que llega del "pasao".

waltercelina1@hotmail.com - 23.06.2009

martes, 23 de junio de 2009

PÁGINAS GARDELIANAS - CUANDO SOLIÑO INTERDICTÓ A “EL MAGO”

Escribe Walter Ernesto Celina

Leyendo la selección de “Letras de Tango”, editada en 1997 por el ilustre José Gobello, tuve noticia que los uruguayos Víctor Soliño y Enrique Matos Rodríguez habían compuesto el tema “Mocosita” para la extraordinaria cantante Rosita Quiroga.
Con letra del primero y música del segundo, la pieza tanguística fue llevada al disco por la requirente para la casa “Víctor”, en 1926. El mismo año, Carlos Gardel lo hizo para la compañía “Odeón”, pero el disco no pudo circular comercialmente porque “Rosita reclamó y obtuvo la exclusividad”.

El episodio, en rigor fue así, como el maestro Gobello lo sintetiza en su historia.
Las grabación gardeliana quedó temporalmente interdictada.
Accediendo a una información que me proporcionara otra ilustre personalidad platense, el historiador Aníbal Barrios Pintos, encuentro un relato del propio Víctor Soliño, presentado en una página del diario “El Día”, de Montevideo (24.06.1975).
¿Qué dice el autor de “Mocosita” ?
Antes de entrar en materia, una digresión.
Dicha letra no es, a mi modo de ver, una composición de poesía popular que esté a la altura de otras excelentes, interpretadas en la época por “El Zorzal” y otros artistas.
Con sus variantes, el catálogo del año 1926 exhibe: “Amurado”, “Anoche a las 2”, “Bajo Belgrano”, “Aquella cantina de la ribera”, “Caferata”, “Caminito”, “El ciruja”, “Garabita”, “Ladrillo”, “La gayola”, “La he visto con otro”, “Mandria”, “Marcheta”, “Noches del Colón”, “No te engañes corazón”, “Sonsa”, “Oro muerto”, “Pan comido”, “Puente Alsina”, “Pobre corazón mío”, “¡Qué va cha ché!”, “Tiempos viejos”, “Te doy lo que tengo”…
“Mocosita” es un drama sentimentaloide. Pero tuvo su hora. La Quiroga, como Gardel, sabían vestir y realzar lo que ofrecían a sus auditorios.
Cuando la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU) -al promediar el año 1975- distinguió a Don Víctor Soliño con una medalla por su aporte al repertorio gardeliano, el compositor relató la índole del compromiso autoral asumido conjuntamente con Matos Rodríguez, insigne creador de “La Cumparsita”.
-Con Gerardo nosotros estábamos comprometidos con Rosita Quiroga en el sentido que nadie más cantara lo que escribíamos para ella. Nos había puesto esa condición pues quería tener un repertorio propio, personal y único.
En aquella época
-continúa Víctor Soliño-, el autor debía autorizar al intérprete. ¡¿Y quién se iba a negar a que Gardel interpretara algo de uno?! Por eso, él grababa cualquier cosa que le gustara y, después, se cumplía con la formalidad de la autorización.
El periodista que mantiene el diálogo con el compositor uruguayo le pregunta:
-¿Y cómo se planteó el problema?
Responde Soliño:
-En 1926 él nos grabó “Mocosita” sin nuestro consentimiento.
Cuando ya estaban los discos por salir a la venta, vino una noche a vernos Perico Bernat, que era el representante de Gardel en Montevideo y nos pidió autorización.
Y agrega Don Víctor:
-Mirá Perico, yo no no te la puedo dar porque tenemos palabra con Rosita Quiroga que únicamente ella canta lo que le mandamos.
Y él me contestó: “¿Pero vos estás loco…le van a negar el permiso a Gardel? ¡Se cierran las puertas para siempre!”
Y bueno, se lo tuvimos que negar, nomás… y la matriz del disco estuvo guardada como 50 años, hasta que caducaron nuestros derechos.

Inquiere el periodista de “El Día”:
-¿Se disgustó mucho Gardel con ustedes?
Concluye el letrista de “Mocosita” :
-Y yo creo que bastante, porque desde entonces no volvió a grabarnos ningún título. Es una lástima porque él hubiera dado magnífico (realce) a tangos como “Garufa” o “Niño bien”.
El entrevistador propone:
-Pero la versión de “Mocosita” es de antología…
Víctor Soliño le responde:
-Bueno, sí; está bien; pero las guitarras…
Pudieron dar más aquellos músicos.
Carlos Gardel, como siempre, inobjetable.

MOCOSITA
Letra. Víctor Soliño – Música: Gerardo Matos Rodríguez
(Fragmentos)
Vencido, con el alma amargada,/ sin esperanzas, saciado de la vida,/ solloza en su bulín/ el pobre payador/ sin hallar un consuelo a su dolor.
Colgada de un clavo la guitarra…/ en un rincón la tiene abandonada…/ De sus amigos/ ya no le importa nada…Tirado en la catrera no hace más que llorar.
………………………………………………
Dormía tranquilo el conventillo,/ nada turbaba el silencio de la noche/ cuando se oyó sonar/ allá en la oscuridad/ el disparo de una bala fatal.
………………………………………………

15.06.2009

martes, 19 de mayo de 2009

ALGO MÁS SOBRE CARLITOS ESCOLAR

ENTREVISTA CON LA INVESTIGADORA MARTINA IÑIGUEZ
Por Walter Ernesto Celina


CONSIDERACIONES PREVIAS

Hace varias semanas pasó por Montevideo la poetisa argentina e investigadora gardeliana Martina Iñiguez. Un aspecto de la conversación con la distinguida intelectual correntina versó sobre un tema recurrente: ¿qué más tenemos sobre la orientalidad de Gardel?.

Un pasaje del diálogo se detuvo en torno a una colaboración del periodista Guillermo Pellegrino, al Diario "El País" que apareciera en un suplemento cultural de marzo de 2009, donde se mencionan los aportes de Iñiguez, tanto como de su compatriota Guada Aballe, tratando la escolaridad de Carlos Gardel.
Tras los primeros minutos de intercambio, no quise perder la oportunidad de poner el grabador sobre la mesa. Asimismo, pude ver fotos y planos edilicios referentes a sus pesquisas, que he de mostrar en la versión in extenso de las respuestas a mis preguntas. Tales elementos integrados permitirán que el lector asista a este improvisado coloquio.
Para mejor proveer, se acompañan características de sitios en Internet y “llamadas”, que apuntan a suministrar una información con mayores detalles de lo tratado.

LA ESCUELA Nº 27 DE MONTEVIDEO

-Walter Ernesto Celina: Ud. ha recogido evidencias que estarían demostrando que Carlos Gardel asistió a la Escuela Pública Nº 27, de Montevideo, que estuviera ubicada en la calle Durazno, próxima a su intersección con Médanos (ahora J. Barrios Amorín).
Guada Aballe, autora de la obra Algo más sobre Gardel, por su parte, quita relevancia a su hallazgo al sostener (El País Cultural, Nº 1010) que es "apenas un recorte de la historia escolar del alumno", el que siendo interesante "no tiene el valor documental de un certificado."
http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/09/03/20/cultural_404992.asp

-Martina Iñiguez: "La historia es una ciencia" -escribía el historiador Julio Luqui Lagleyze- y, mal que les pese a muchos historiadores “profesionales” o “amateurs”, es revisable y no dogmática.
Nada más absurdo que determinar por adelantado el resultado al que queremos arribar, o quedar satisfechos con lo hallado si conforma nuestras expectativas, decidiendo entonces, unilateralmente, que hemos llegado al “punto final”, aunque se levanten opiniones en contrario.
Como hasta el momento los investigadores francesistas -que llevan 5 años buscando denodada e infructuosamente la hipotética escuela de Buenos Aires en la que Gardel habría sido fotografiado- no han podido encontrar nada, no hay razón alguna para abrigar dudas con respec
to a que esa fotografía fue tomada en la Escuela de Varones Nº 27, de Durazno y Médanos

CONCLUSIONES DE LA INVESTIGADORA IÑIGUEZ

-WEC: ¿El aporte periodístico citado refleja el momento al que Ud. ha llegado en sus indagaciones?
-MI: La nota del Sr. Guillermo Pellegrino aparece casi un año después de la entrevista que nos hiciera a María Hortiguera y a mí en el Museo Pedagógico, por lo que se ha desactualizado en algunos puntos.
La última presentación del tema fue publicada el 20 de diciembre de 2008 en:

http://charlaescolaridadgardel.blogspot.com/2008/12/carlos-gardel-su-verdadera-escolaridad.html

RESPETO INTELECTUAL CON DIFERENCIAS CONCEPTUALES
Debo decir, sin embargo, que los fundamentos de la investigación no han variado y de allí surgen mis diferencias con Guada Aballe, a quien respeto y admiro por su capacidad investigativa y honestidad.
Las conclusiones a las que cada investigador arribe -a través de la información que conoce-, acertadas o no, son absolutamente personales y es lícito que así sea.
Guada y yo diferimos completamente en la interpretación que damos a esa información.
Como el subjetivismo puede deformar los hechos, llevando a graves alteraciones de la verdad, concedo siempre márgenes de duda y/o error a todas mis conclusiones.

VALIDEZ DE LOS INDICIOS

-WEC: Desde su punto de vista ¿cuándo un documento adquiere valor probatorio, no ya desde el ángulo jurídico, sino desde la perspectiva de la investigación histórica y, cuándo un indicio -sumado a otros- permite levantar una hipótesis verosímil?
-MI: Su pregunta es interesante. Me permite traer a colación algo.
Como Ricardo Ostuni y Luciano Londoño López, trato de aplicar los conceptos de la "Nueva Historia", la “Historia de las mentalidades” y la “Teoría de los indicios”.
Permita que le cite la definición dada por Hipólito Paz:
“Un indicio es un hecho que está en relación tan íntima con otro hecho, que se llega del uno al otro por medio de una conclusión muy natural. Despréndese de aquí, que debe haber un hecho comprobado y otro no manifestado aún, pero ambos, como se ha dicho, en una relación
tan íntima que no se puede dejar de llegar natural y fácilmente del uno al otro y nada más que al otro.
Así pues no habrá indicio, como explican los tratadistas, si partiendo de ese hecho completamente cierto, no se llega por necesidad y de un modo natural, a ese otro hecho, pues si se puede arribar a ese y a otro más, o si para llegar allí hubiera necesidad de forzarse, no hay indicio.
Existe también ese concurso cuando se completan y esclarecen uno a otro.”

SUMATORIA DE ELEMENTOS INDICIARIOS

La foto escolar de Gardel, hasta el momento, lleva de “un modo natural y fácilmente” al Barrio Sur de Montevideo, no sólo porque sus características edilicias coinciden con las de la escuela de Durazno y Médanos, sino porque además es evidente que no fue tomada en ninguna de las escuelas a las que asistió Charles Romuald Gardes.
También porque los testimonios de diferentes personas -incluído Gardel- coinciden en mencionar que El Mago asistió a una escuela del Barrio Sur, además de coincidir los testimonios que lo daban como nacido antes de 1890.
Asimismo, porque no pueden ignorarse aquellos que él brindó, sosteniendo haber nacido en el Uruguay y, muy concretamente, en Tacuarembó.

En cambio, los certificados escolares de Buenos Aires coinciden solamente con el acta de nacimiento de Toulouse y colisionan con la edad de Gardel, con su fotografía escolar, con la fotografía del patio de artesanos del Colegio Pío IX, con su falta de interés por las clases de música y teatro y con su fotografía con Francisca Francini.

Hablo de dos fotografías de infancia que prueban la escolaridad de Gardel en Montevideo.
La escolar es la primera. La segunda, con Francisca Franchini, en un botecito de escenografía de estudio donde se le ve dos o tres años mayor que en la primera (aparenta una edad de entre 9 y 11 años), tuvo que ser tomada en 1894. (*)
El hecho de que esta segunda fotografía sea posterior pone un tope a la posible fecha de la foto escolar que, al no corresponder a la escuela de Talcahuano y Viamonte, tuvo que ser anterior a 1897.

Que la foto escolar haya sido anterior a 1897, hace imposible que haya sido Charles Romuald Gardes el fotografiado cursando primer grado, porque aún no había llegado a la edad escolar.

En consecuencia, el francés que hizo su escolaridad en Buenos Aires no era Carlos Gardel.

Reconstruir la historia de Carlos Gardel es como armar un rompecabezas al que se le agregaron algunas piezas de otro.
Cuando queremos incorporar al rompecabezas de Gardel las piezas que corresponden al de Charles Romuald Gardes no encajan, así de simple.
Por el contrario, a medida que profundizamos en la historia de la familia Escayola, las piezas se van acomodando de un modo sorprendente.

GUADA ABALLE DOCUMENTÓ A UN NIÑO DISTINTO A GARD
EL

-WEC: ¿Podría deducirse de lo que Ud. afirma que la información aportada por la Sra. Guada Aballe resultaría eficaz para probar que el niño francés Charles Romuald Gardés asistió a determinados colegios bonaerenses, siendo absolutamente impropia al no referirse a otro niño, uruguayo, que luego, universalmente se conocería como Carlos Gardel?
La localización de la foto del niño Carlos Gardel en un centro de enseñanza montevideano, si bien podría no ser considerada en sí misma una prueba absoluta ¿funciona con valor acumulativo con otros numerosos indicios que existen sobre la orientalidad del cantante?

-MI: Por supuesto que sí; Guada reconoce algo muy significativo:
"La foto es un recorte de la historia escolar del alumno, me indica que en algún momento ese chico estuvo en tal escuela… "Justamente de eso se trata. Carlos Gardel estuvo en la escuela de Durazno y Médanos y la historia oficial no tiene como controvertir ese hecho
aunque maneje 4 certificados de Charles Romuald Gardes.

No solamente Gardel estuvo en tal escuela sino que cursó allí cuando ¡el niño francés aún no había llegado a Buenos Aires ni a la edad escolar!

LO QUE NO PRUEBAN CIERTOS CERTIFICADOS

Que no se hayan encontrado matrículas de las escuelas montevideanas anteriores a 1900, está plenamente justificado por una resolución de la Dirección General de Instrucción Pública de Montevideo del 10 de marzo de 1900.

El que salió fotografiado es Gardel, aunque no sepamos con exactitud el año en que fue tomada esa fotografía. Y las coincidencias del edificio escolar que aparece en esa fotografía con el plano de la escuela de Durazno 337 son hasta ahora irrebatibles.
En cambio no hay nada que pruebe, de manera definitiva, que los certificados escolares de Buenos Aires le correspondieron, porque en esa época los niños no presentaban documentación al ser inscriptos, quedando establecida su identidad por la palabra de la persona que lo registraba: madre, padre, tutor, etc.
Alguien inscribió a Charles Romuald Gardes en la escuela de niñas de Talcahuano y Viamonte, de
eso no hay duda, pero no hay ninguna prueba que se tratara de Carlos Gardel.
La foto tiene muchísimo más valor que un certificado porque identifica a la persona sin dejar espacio para la duda.
Que no podamos saber cuánto tiempo estuvo Gardel en la escuela de Durazno y Médanos no cambia la evidencia de que cursó un período de su escolaridad en Montevideo.
Encuentro valiosísimo el aporte de Guada a la escolaridad del hijo francés de Berta porque permite definir que hubo dos niños, a los que deliberadamente se trató de fusionar e
n uno solo.

PERICIA ANTROPOLÓGICA CONCLUYENTE

De hecho, Charles Romuald Gardes fue identificado como tal por el coadjutor Carlos Conci en una fotografía tomada en el patio de artesanos del Colegio Pío IX y, no sólo es notorio que no se trata de Carlos Gardel, sino que Carlos Gardel no aparece fotografiado entre los alumnos artesanos de 1901 de ese colegio. Vea, se trata de dos indicios en contra de la biografía oficial.
En cambio, un estudio antropológico hecho por el Lic. Horacio E. Solla otorga al alumno del Pío IX las mismas características antropológicas que tiene el niño del retrato oval entregado por Berta Gardes a La Canción Moderna, que tampoco es Carlos Gardel, a pesar de que siempre, los sostenedores de la “historia oficial”, muestran esa fotografía como “el retrato” del cantor en su niñez. El indicio vale a favor de la existencia de otro niño.
Agreguemos a eso que el francesito del Colegio Pío IX no se anotó en las clases optativas de teatro, banda o aprendizaje de instrumentos musicales que se dictaban allí, ni se destacó cantando, entonces difícilmente fuera Carlos Gardel.
VER: "La falsa asistencia de Gardel al Colegio Pío IX "
Cabría preguntar:¿Cómo podía ser el mismo que en una entrevista, concedida a El Imparcial, de Montevideo, del 13 de julio de 1930, confesaba?: "Desde niño entraba a los teatros, oía cantar y luego salía imitando a los artistas. Puede decirse, che, que yo nací en el teatro."
Éste es otro indicio que no se trataba de Carlos Gardel.
La investigación de Guada Aballe demostró que toda la trayectoria escolar de Charles Romuald Gardes, perfectamente documentada, transcurrió en Buenos Aires a partir de 1897.
Pero la foto escolar de Carlos Gardel lo muestra en Montevideo, en edad escolar, ANTES de esa fecha.

RÉPLICA A GUADA ABALLE

-WEC: La foto sobre la que Ud. ha hecho revelaciones que afectan la hipótesis
del grupo de francesistas, publicada en la revista La Canción Moderna, muestra a juicio de la Sra. Guada Aballe una contradicción en que Ud. habría incurrido sobre la fecha en que fue tomada.
¿Qué valor le atribuye a que sea de 1896, o de 1893 -como lo sostuviera el periodista argentino Carlos Marín, citado por Ud.-, enmendando que no fuera del año 1896, como lo estampó la
revista citada?
-MI: No existe tal contradicción. Creo que Guada ha recibido esa “versión” imaginativa de un tercero, proclive a publicitar versiones antojadizas que divulga por mails. El mismo Pellegrino, en la nota sobre la escuela, antes de mencionar la fecha publicada por Marín, citó que menciono que la foto fue publicada por La Canción Moderna en 1936 (**)
Si no hice incapié en la fecha que se da allí, fue porque era a todas luces falsa, ya que casi la totalidad de los 6 años de Charles Romuald Gardes -nacido en el mes de diciembre-, transcurrieron en el año 1897, que es, también, el año en que cursó su primer grado, de acuerdo al registro existente. Algo fácil de advertir por cualquier conocedor
del tema.

Berta mencionó la fecha de nacimiento de su hijo en La Canción Moderna, lo que abre dos posibilidades: O bien el cronista interpretó que era 1896, porque no calculó que el hijo de Berta nació en diciembre, o fue Berta quien se equivocó.
La nota de Marín especifica, en cambio:
"Fotografía de un grupo de escolares adonde asistía Gardel en 1893, quien aparece en círculo. Verificada la exactitud de esta fecha, a establecer cual es su edad. "
La fecha dada por Marín la mantengo como antecedente, pero no la tomo como definitiva, sino como un punto de partida.
Como Marín no aclara en qué consistió esa verificación, para determinar la posible fecha en que fue tomada, prefiero basarme en la información que se encuentra en el Libro Diario de la escuela y en el cambio físico experimentado por el niño Gardel, al comparar sus dos fotografías de infancia, entre las que tienen que haber transcurrido dos o tres años.
En base a la información encontrada hasta el momento la fotografía escolar pudo ser tomada entre 1891 y comienzos de 1893.

CONTROVIRTIENDO A BERTA GARDES

Sobre las declaraciones de Berta Gardes a La Canción Moderna, del 6 de junio de 1936, dice Nelson Bayardo: "Para desvirtuar las sospechas que levantó el testamento, Berta Gardes salió a la prensa, intentando bosquejar una suerte de biografía de Gardel para poder fusionarlo en una sola persona con su hijo Charles Romuald. Documento fundamental, cuya lectura debe ser hecha atentamente, pues constituye la médula de la teoría francesista.
Paradojalmente resultó pieza básica para calibrar su falsedad."

Veamos algunas de sus afirmaciones:"-Partimos con la intención de llegar a Montevideo, los viajes no eran como en la actualidad. Los vapores llegaban a América pero a cualquier parte, y así fue como nosotros desembarcamos en Venezuela.
(Una afirmación absurda).
-Tampoco me apoyó durante mi noviazgo (se refiere a su madre) y mi casamiento concluyó por distanciarnos. (Berta era soltera).-Mi marido fue un hombre muy bueno… era un hombre muy inquieto… murió sin que mi hijo pudiera conocer el calor de su alma… Carlitos tenía apenas dos años, cuando desapareció su padre, después de una enfermedad. (Ni Berta tuvo marido, ni ese niño tuvo padre conocido. El padre que le atribuyeron: Paul Lasserre, estaba vivo).
-“Les diré, que la única verdad sobre la fecha de su nacimiento, es el 11 de diciembre del año 1890, y que nuestra llegada a Bs. As. fué el 23 de marzo de 1893.” (Esta fecha de llegada es dudosa; el Dom Pedro llegó a Buenos Aires el 12 de marzo).
-Carlitos no sabía hablar en francés cuando chico. Por eso, algunas veces yo no podía retarlo, porque como hablaba muy poco en castellano, si lo retaba en francés, mi hijito se reía." (Si vino de Francia con más de dos años de edad y vivía entre franceses ¿cómo no entendía el francés?)
FOTOGRAFÍAS DE LA CANCIÓN MODERNA

La fotografías llevan los siguientes epígrafes:
Fotografía escolar: "Una extraordinaria primicia: Carlitos Gardel rodeado de sus
compañeros de escuela, en el año 1896, cuando tenía seis años de edad. Foto obtenida por cortesía de su señora madre." (El hijo francés de Berta comenzó su escolaridad en el año 1897.)
Una semana después, en La Canción Moderna, se vuelve a publicar la foto escolar con el siguiente leyenda:
"Un grupo escolar en el que aparece Carlitos Gardel cuando cursaba el primer grado de la instrucción primaria. Foto que corresponde a las primicias ofrecidas en nuestro último número."
En ningún momento se aclara el lugar donde fue tomada la foto, pero no hay razones para dudar de que realmente esa fotografía haya sido tomada cuando Carlitos Gardel, con 6 años, estuviera cursando su primer grado.

Foto con niña Franchini:
El epígrafe dice: "Carlitos Gardel tiene seis años de edad, está dentro de un botecito “fotográfico” y lo acompaña una de las hijas de Rosa Franchini."
El cronista era tan mal observador que al hablar de esta época de Gardel, c
ontradice lo que afirma el texto que acompaña la foto: “… como cuando tenía seis años y hacía sus ingenuos paseos en bote tomado de la mano con la hijita de Doña Rosa Francini.” Cualquiera percibe que era una foto de estudio, menos el cronista. Carlitos aparece con dos o tres años más de edad que en la foto anterior, en la que supuestamente también tenía 6 años.
Si los francesistas toman al pie de la letra las declaraciones aparecidas en La Canción Moderna ¿por qué afirman en comentarios diversos que Carlos tenía 8 años en esta fotografía, en franca contradicción con “los dichos de Berta”?

Guada Aballe, en las notas adicionales al artículo "Mamá Rosa", escribe:
"7) Foto tomada en Benincasa Hnos., Buen orden 728 (hoy Bernardo de Irigoyen), propiedad de Bartolomé Benincasa (Guía Kraft 1900, 1er tomo, pág. 662." Quiere decir que la investigadora supuso que si la casa Benincasa ya en 1900 figuraba en Guía, a partir de ese año, podía haber sido tomada la fotografía. Es evidente entonces que le atribuye a Gardel más de 9 años de edad (lo supone nacido en diciembre de 1890), algo digno de ser tenido en cuenta tratándose de una docente. No prestó atención al hecho de que que Bartolomé Benincasa comenzó a usar el logo "Bmé Benincasa" a partir de 1895, por lo que la foto de Gardel es ANTERIOR a ese año. Si en 1894 Carlitos representaba unos 10 años de edad, mal podía haber nacido en 1890.

FOTO DEL RETRATO OVAL Y MÁS

-Retrato oval:La siguiente fotografía no corresponde a Carlos Gardel sino al hijo francés de Berta Gardes.
La anotación al pie dice:
"Carlitos a los cuatro años de edad. Otra foto obtenida en calidad de
primicia por una cortesía de Doña Berta. "
Dos antropólogos determinaron, en diferentes oportunidades, que el niño del retrato oval no era el mismo niño de la foto escolar.

-Retrato de Paul Gardes:
Dice: "Paul Gardes, padre de Carlos Gardel, y a quien éste casi puede decirse que no conoció, pues falleció a los pocos meses de su nacimiento."
El Sr. de la fotografía se llamó Paul Lasserre; nunca se casó con Berta; no reconoció al niño como suyo y, estaba vivo y soltero, en 1893.

El hecho de que Berta haya faltado a la verdad en algunas de sus afirmaciones, no significa que no haya sido veraz en otras que no modificaban la versión que deseaba imponer
Es posible, entonces, que la foto escolar de Gardel correspondiera realmente a su primer grado escolar, pero no lo cursó en la escuela de Buenos Aires -donde lo hizo el francesito-, sino en una escuela de Montevideo, como lo prueba el “recorte” documental.
En la fotografía puede verse que la puerta que está detrás del grupo escolar lleva la inscripción 1º C.
La información hallada sobre la escuela montevideana dice que en ese salón instalaban a los niños que en la época cursaban su primer grado, que eran todos varones, tal como se ve en la foto. Se trata de dos indicios más que se suman a las coincidencias edilicias.


Las medidas de ese salón eran: largo 6.70 m., ancho 4.60 m., altura 4.70 m., superficie 30.82 m2, volumen 144.854 metros cúbicos. Tenía 14 mesas y capacidad para 62 chicos. Era el único salón que tenía capacidad para más de 53 chicos. En la fotografía aparecen 56 y es probable que hubieran faltado algunos.
Es de recordar, en cambio, que Charles Romuald Gardes hizo su primer grado en 1º B, compuesto por 46 niñas y 21 varones. Trátase de indicios que, al no coincidir con lo que se ve en la foto escolar, favorecen a la versión uruguayista.

Izquierda: Carlitos Gardel en Primer Grado "C", Derecha: Escuela donde Charles Romuald Gardes cursó Primer Grado "B"

Con razón el investigador Ricardo Ostuni ha escrito que "tan válido como el hallazgo de la verdad es la demostración de la mentira."



LA INVESTIGACIÓN POR EL ADN

-WEC: El Dr. Carlos Perrotta ha postulado la realización del ADN a los restos de Carlos Gardel.
¿Es viable a su juicio la aplicación de este procedimiento? ¿Qué supuestos deberían darse para que fuera eficaz a los fines de develar los parentescos de Carlos Gardel?


-MI: Por supuesto que es viable, aunque no creo que en este momento estén dadas las condiciones para que ese estudio prospere. Sería necesaria una decisión política y, tanto en Argentina como en Uruguay, éste es un año de elecciones, centrándose la campaña política en otros asuntos.
En cuanto al examen en sí pienso, en principio, que habría que determinar si el cadáver que está en el cementerio de La Chacarita es realmente el de Gardel, haciéndose necesario tomar muestras de los cuerpos de Berta Gardes, de alguno de sus familiares en Francia y, al menos, de dos integrantes de la familia Escayola.
El ADN se hará cuando se den las condiciones, lo que no quita que se esté llegando a la verdad histórica a través de la investigación.
Eso puede comprobarlo cualquier persona, con suficiente apertura, que analice en profundidad la información existente.

Ampliación de conceptos
Llamadas

(*) La casa fotográfica usó el logo Benincasa Hno. (en singular) hasta 1893.
En 1894 lo cambió por Benincasa Hnos. (en plural), que aparece en la fotografía de Carlos Gardel.
En 1895 comenzó a usar otro: Bartolomé Benincasa. (o Bmé Benincasa)
En consecuencia, sólo queda el año 1894 como posible fecha de la fotografía.

Si bien la casa Benincasa Hnos cambió su logo por el de Bmé Benincasa en 1895, siguió figurando en Guías con ese nombre hasta comienzos de 1898, porque no mudó de local ni había abierto todavía el suyo su hermano Vicente, dividiéndose entonces en dos casas fotográficas: Benincasa Bartolomé, calle Buen Orden 728 y Benincasa Vicente, Fotografía, Artes 324.



(**) En la nota de El País Cultural, Guillermo Pellegrino toma en su comienzo la siguiente cita mía, probando él mismo que no omití esa información:
“En la rigurosa investigación de Aballe había una famosa foto de un curso de primer grado que Berta, sin decir de qué escuela era, había cedido en 1936 a la revista La Canción Moderna para una nota que, a mi juicio, por un tema de sucesión, fue “armada” con el fin de fusionar a los dos niños en uno solo.”

domingo, 2 de noviembre de 2008

UN RELATO ANTOLÓGICO DE PINTÍN CASTELLANOS

¡QUÉ TRÍO:
GARDEL-RAZZANO-CARUSO!

Escribe Walter Ernesto Celina

Esta vez, mi encuentro con Pintín Castellanos, el autor de la milonga La puñalada, fue absolutamente imprevisto. Nos habíamos conocido en la década de los años sesenta, en el entonces Ministerio de Hacienda. Después, siendo jurados en los concursos del carnaval montevideano, departimos en incontables noches en el Teatro Municipal de Verano del Parque Rodó.
Ahora, en el Día del Patrimonio, caminando por frente a la Universidad, llegué hasta la esquina de 18 de Julio con Tristán Narvaja y enderecé hacia un espacio de la feria dominical, en un sábado ceremonial, en que hasta la calle Colonia, se abarrotaban libros nuevos y viejos. Era un día de celebración de lo perdurable.
Sobre un tapete negro, arriba del asfalto, aparecían varias obras. Un rayito de sol, pegaba en una tapa tomada por el tiempo, dominada por una foto casi familiar: la de Horacio Castellanos, conocido por todos como Pintín. Cabello negro peinado a la gomina, tez tersa y bigote fino. Siempre lucía esbelto, con impecable traje, camisa blanca y corbata al tono con la indumentaria.
Recogí el ensayo como quien vuelve a darle la mano a un amigo. Entre cortes y quebradas fue escrito en 1948 y es una pieza de anticuario en la tanguística, de muy especial valor.

Pintín había nacido en 1905 en Andes y Canelones, en el barrio céntrico capitalino. Cultivó deportes. Como pianista ejecutaba “de oído”. Su famosísimo tango milonga se escuchó en 1933 en un local nocturno de Carrasco, en el que se encontraba Ricardo Scandroglio, inspirador de “Pollo Ricardo”, creado por Luis Alberto Fernández.
Juan D’Arienzo, como tantas veces, vaticinó el futuro de esta música, correspondiendo a Rodolfo Biaggi la indicación de volcar sus notas hacia la milonga, forma como se abrió camino en el Plata y el mundo.

Del trabajo de Horacio Castellanos, subtitulado Candombes, milongas y tangos en su historia y comentario, extractaré lo sustancial de la nota XX, titulada Enrico Caruso... Gardel Razzano.
Antes, cabe decir, que Caruso es considerado el tenor dramático por excelencia de todos los tiempos. Había nacido en Nápoles hacia 1873. Falleció en 1921. Su fama comenzó a irradiarse por el mundo desde 1894. Más de 40 óperas integraron su repertorio, en especial, italianas. Las viejas versiones para el fonógrafo hacen pervivir su voz única en el género. La National Academy of Recording Arts and Sciences le galardonó con el Grammy, a título póstumo, en 1987.

El dúo rioplatense Gardel-Razzano conoció a Caruso, según Pintín Castellanos, de esta forma:
“...En uno de los primeros viajes realizados por Gardel-Razzano a San Pablo y Río de Janeiro, tuvieron una maravillosa sorpresa que culminó como nunca lo hubieran imaginado.
En el mismo buque, el “Infanta Isabel”, viajaba nada menos que Enrico Caruso. El inigualado tenor y notable artista italiano, pese a su prestancia, era amable y amplio de espíritu.
Gardel-Razzano fueron presentados al gran divo y este demostró interés en escucharles. Los criollos no se hicieron rogar y, una tras otra, fueron surgiendo sus canciones con sabor a campo. La emoción puesta en ellas conquistaron prontamente la sincera admiración de Enrico Caruso. Indudablemente para el gran cantante italiano aquellas melodías y entonación de voz, resultaban una agradable novedad. Las felicitación fue inmediata, abrazando cordialmente Caruso a los criollitos cantores. La emoción de estos fue lógica y profunda. No era para menos, que el primer tenor del mundo homenajeara a dos muchachos rioplatenses por sus interpretaciones; no dejaba de ser un timbre de honor.
El gran acontecimiento no paró ahí.
Enterado el pasaje de primera que, en el mismo barco viajaba el extraordinario tenor Caruso, en el espíritu de todos se albergaba el mismo deseo:¡Oírlo cantar! Pero esto, pese al pedido del capitán, no sucedió. Caruso no cantó para los pasajeros.
Aconteció algo más fantástico e increíble para muchos. El famoso tenor del mundo, insuperable e insuperado, cantó especialmente para Carlos Gardel y José Razzano.
Y, así fue que, una mañana, en el Salón de Música del Santa Isabel, Caruso invitó al dúo para ofrecerles una serie de romanzas y trozos de óperas, lo que a la postre resultó una delicia.
Solos estaban en el lujoso salón Caruso, el pianista, Carlitos y José. Fue un momento inenarrable e inolvidable, según expresiones del propio Razzano. Imposible de olvidar aquella voz maravillosa que así, tan cariñosa y espontánea, se brindaba a los amigos. Y, devolviendo -en parte- ese regalo artístico de la mágica garganta de Caruso, también surcaron el ambiente las expresivas notas de las canciones camperas, entonadas con profundo sentimiento y gusto por Carlos Gardel y José Razzano.
El arte se había fundido en dos distintas expresiones, pero en una misma y máxima emoción.”

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sábado, 19 de julio de 2008

INVESTIGACIÓN SOBRE EL GARDEL ORIENTAL

Escribe Walter Ernesto Celina

La rememoración del trágico episodio ocurrido en el campo de aviación de Medellín, en el que perdieran la vida Carlos Gardel y miembros de su embajada artística, no está tan cerca en el tiempo. Se han cumplido 73 años y, como sucede año a año, desde el 24 de junio de 1935, el asombro se plantea en torno a la leyenda del máximo cantante rioplatense. Sus orígenes familiares, los perfiles de su personalidad, los secretos de su éxito profesional y, su canto, trascendiendo el tiempo -más allá de su desaparición física-, motivan exploraciones de los especialistas.

En orden a las investigaciones sobre el lugar de nacimiento, que se suman a los trabajos del periodista Erasmo Silva Cabrera (Avlis), del arquitecto y profesor emérito universitario Nelson Bayardo, del abogado y periodista Eduardo Paysée González y del analista argentino Ricardo Ostuni, surgen las nuevas aportaciones de la pesquisadora y poetisa correntina Martina Iñiguez.
Sus estudios últimos documentan la asistencia de Carlos Gardel a una escuela pública montevideana de la calle Durazno, próxima a Ejido. Este dato, afincado con solidez en base a la interpretación de planos, fotografías y testimonios, enlaza al niño Gardel con las familias que lo protegieron, tras el apartamiento que sufriera de la propia, radicada en Tacuarembó.

Martina Iñiguez disertó, abordando el aspecto señalado en el Museo Pedagógico -de Plaza de Cagancha-, en el marco de los variados homenajes al cantante epónimo del Río de la Plata y de la América hispanohablante. La nutrida platea que siguió sus razonamientos pudo cotejar, con el apoyo de una pantalla gigante, imágenes fotográficas con copias de los planos originales de lo viejos centros docentes y, además, formular preguntas y realizar aportes.
La investigadora argentina ha reunido diversas conclusiones sobre la nacionalidad uruguaya de Carlos Gardel y anima constantes debates con voceros de la versión del origen francés y, muy particularmente, con el publicista Juan Carlos Esteban.

Una noticia importante surgió ante la pregunta que me correspondiera formular a la distinguida amiga: “¿Será posible ver reunidos en un volumen el nuevo conjunto de materiales que coadyuvan a sustentar la conclusión que El Zorzal no es francés, sino un rioplatense de Tacuarembó?”
La contestación quedó dada como un compromiso: “El libro aparecerá y su edición ha sido financiada por un mecenas que presta su apoyo para una edición que no tendrá mucha demora.”

De este modo, gardelianos y estudiosos tendrán sistematizados, en un primer volumen, las verificaciones a las que ha arribado la Sra. Iñiguez, en una cruzada para rescatar la verdad histórica.
La noticia fue recibida con beneplácito por la audiencia, que continuó escuchando a la mujer de letras quien, además de compositora de bellas páginas tanguísticas, maneja con soltura el lunfardo. Desde este reducto lingüístico, reivindica la condición de la mujer -contra del machismo- haciendo una poesía madura, sin acartonamiento alguno y toques de humor muy disfrutables.
De esta faceta de la intelectual litoraleña me ocuparé en nota venidera.


(05.07.08)

martes, 8 de julio de 2008

EL TANGO Y GARDEL: LA LEYENDA

Escribe Walter Ernesto Celina

NOTA 1

El tango, como Gardel, navegan en dos mundos. Disímiles y excitantes. El de la leyenda y el real, o histórico, propiamente dicho.
En el primero, lo maravilloso los hacen resplandecer. En el segundo, importan los hechos y la recomposición de las circunstancias. Y, casi inseparables, las interpretaciones, siempre diversas, nunca únicas o cerradas.
Los protagonistas del tango y Gardel crecen en altura.

El 24 de junio de 1935 una ráfaga de viento cordillerano toca las alas del avión en que Carlos Gardel y su compañía artística alzan su vuelo. Una bola ígnea ilumina para siempre el campo de “Los Manizales”.
Moría una de las voces más preclaras de los tiempos de la canción moderna. Surgen una leyenda inusual, inacabada, multifacética, así como una historia que apasiona y convoca a los investigadores.
El tango ya caminaba con sus pantalones, de la rodilla para abajo, cuando Gardel se posesiona de el y le infunde el soplo casi divino que lo lleva de los pies a los labios. Lo hace patrimonio de multitudes.
La unión del tango con Gardel es indisoluble. Supone un acto creador trascendente.

En el trágico episodio de Medellín -que se evoca en estos días- nació una mitología que, con sus imbatibles 73 años continúa expandiéndose.
El fenómeno del tango, caracterizado por el célebre periodista norteamericano Waldo Frank “como la danza más profunda del mundo”, vuelve de la mano de Carlos Gardel, en las nuevas generaciones de músicos que, desde vertientes aparentemente opuestas -a veces-, lo encuentran un sitio acogedor y apto, como pocos, para consolidar la sensibilidad del tiempo actual.
La leyenda, con su inocultable registro popular, transita de comarca en comarca y, como si fuera un diamante, adquiere sus facetas en la literatura y en su especial capítulo de la poesía.
Por otro lado, los hechos del mundo del arte, de la composición, de la ejecución musical, de la vocalización, admiten traducciones y análisis en áreas científicas.
Jorge Luis Borges, un argentino amado por el cultivo de las letras y un rioplatense cabal, en una ficción alegórica, incursiona en el campo de la leyenda. En una poesía encuadra los matices ambientales del tango, ese susurro apadrinado en los arrabales, esparcido por los barrios con colores de malvón y crecido como un sentimiento raigal en el cemento de las ciudades. Vale evocar algunos de sus versos:


EL TANGO

¿Dónde estarán? pregunta la elegía
de quienes ya no son, como si hubiera
una región en que el ayer pudiera
ser el hoy, el aún y el todavía.

¿Dónde estarán (repito) el malevaje
que fundó, en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones,
la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron ,
dejando a la epopeya un episodio,
una fábula al tiempo, y que sin odio,
lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Los busco en su leyenda, en la postrera
brasa que, a modo de una vaga rosa
guarda algo de esa chusma valerosa
de los Corrales y de Balvanera.
……………………………..
Hay otra brasa, otra candente rosa
de la ceniza que los guarda enteros;
ahí están los soberbios cuchilleros
y el peso de su daga silenciosa.

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
el tiempo, los perdieron en el fango,
hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
muerte, esos muertos viven en el tango.

En la música están, en el cordaje
de la terca guitarra trabajosa
que trama en la milonga venturosa
la fiesta y la inocencia del coraje.
…………………………………
JORGE LUIS BORGES

waltercelina1@hotmail.com

EL TANGO Y GARDEL: LA VISIÓN SOCIOLÓGICA


Escribe Walter Ernesto Celina


NOTA 2



El sociólogo Prof. Daniel Vidart ha sostenido que, con la vida de Carlos Gardel, se ha cumplido un proceso inverso al de los payadores y cantores más renombrados del espectro latinoamericano, se trate del pampeano Santos Vega, del Mulato Taguada, del valle central de Chile, del Cantaclaro, del llano de Venezuela o de Francisco, el colombiano.
Cada uno de ellos y muchos otros, en la convivencia sencilla y abierta con sus públicos analfabetos, reconociéndose intuitivamente en el pregón folclórico lírico o en la epopeya rural, pasaron a ser personajes fabulosos en la memoria transfiguradora del paisanaje.

Las tradiciones orales cuentan que se les animaron hasta al mismísimo Diablo…, jugándose la vida en mortales contrapuntos.
Cuando el tango madura a través de un proceso, que se reconoce en sus inicios en las academias montevideanas, en los peringundines, trinquetes y piezas de las chinas cuarteleras de Buenos Aires y en las cangüelas de Rosario de Santa Fe, accede -según Vidart- al gran ciclo de la canción, entre 1920 y 1950. Luego será música afinada, partiendo de De Caro, en 1926, para lucirse con Troilo, Pugliese, Piazzolla, los Fresedo, Federico, Stamponi, Di Sarli y muchísimos más. Entre ellos, los uruguayos Canaro y Zagnoli.

Ha recordado el Prof. Vidart lo que señalaba Montaigne: la palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha. A su juicio, ello la convierte en el mayor y más elocuente vehículo de la volición, del sentimiento y del razonamiento, socialmente manifestados.
Por 1920 “el tango ardía en las gargantas de un ejército de cantores que lo desenfundaban noche a noche, a falta de los puñales de la fábula. Uno de ellos, y no el mejor todavía, era Carlos Gardel”.

En el invierno de 1915, “El Mago” debuta en el Teatro “Royal”, de Montevideo, junto a José Razzano.
Julio César Puppo, “El Hachero”, en una inolvidable crónica, compilada en “Ese mundo del bajo”, se refiere al “grito de guerra, nacido en los cafetines de los suburbios”, extendida la voz con la expresión “¡Cantá, Medina, cantá!”
Juan Medina era un obrero gráfico de los talleres del Diario “El Día”, en Montevideo. Terminada su labor, salía en las madrugadas con la guitarra bajo el brazo a recorrer los bodegones portuarios. Era famoso por su habilidad en las payadas de contrapunto. Como recuerda Puppo, “la tisis estrangulaba su garganta y, apenas, si podía modular un verso. Era cuando sus consecuentes partidarios lo alentaban con un “¡Cantá, Medina, cantá!”.
Esto sucedía, cuenta “El Hachero” cuando “por otro lado se iba gestando el advenimiento de una nueva etapa: la del cantor, o intérprete, que sustituiría al payador o repentista, en la predilección del pueblo”.

La presentación de Gardel-Razzano en el viejo “Royal” recoge el mayor éxito.
Gardel: “Es un mozo gordo, redondo. El sobretodito marrón, pespunteado, le llega apenas a la rodilla. Era la moda. Gacho blando, con el ala caída sobre un ojo; bufanda rayada, blanca y negra”.
Y es por entonces que se oye un grito distinto. Se haría clásico. Observa Puppo que “vendría a señalar el comienzo de una etapa nueva: ¡Cantate otra, Carlitos!”. El público lo aclamará como a un ídolo.
Con razón sostiene Daniel Vidart: “En las orillas, donde el campo tropieza con las primeras tapias y la ciudad se desviste de su piel de ladrillo, no cabe ya más el payador rural, dueño del espacio y del tiempo míticos, de los grandes itinerarios ecuestres, de los oasis del desierto ganadero. Aquí, en los cinturones suburbanos, dialogan cara a cara dos humanidades marginales, ambas recientemente desarraigadas, Una, del interior del país, la americana, desgajada de sus pagos por el éxodo forzado a la ciudad. La expulsada de las estancias cimarronas (que se convierten en fábricas de carnes “out door”) por los representantes el patriciado terrateniente, la “oligarquía de la bosta” al decir de Sarmiento; son las víctimas de la “Pax Britannica”, que impone la racionalización económica de las haciendas y el refinamiento de la ganadería a cambio de la apertura de los mercados ingleses para la adquisición de la carne vacuna. La otra humanidad es la extranjera, en particular la italiana, llegada en las bodegas de la inmigración transatlántica…”.

En este proscenio, de intercambios y transformaciones, Carlos Gardel se adueña de los públicos platenses, españoles y franceses, latinoamericanos y filma en Europa y Estados Unidos.
Fallece cuando tiene alrededor de 50 años y de esto hacen, ahora, 73 más. Su ascenso no tiene límites.
Nuevos y viejos públicos lo aclaman. Algo de nosotros late en su voz, en los textos de sus canciones, en sus tangos. En esos tangos que lo acarician como al hijo pródigo de una familia impar, habitante de un cielo de dos orillas.

waltercelina1@hotmail.com